Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
NO es la historia de los orígenes del Cádiz la que nos interesa. Ni tampoco la de ese Cádiz que, como contaban nuestros padres, estuvo a punto de subir a Primera en los años 40 en un partido maldito contra el Murcia. Ni siquiera nos interesa ese Cádiz que califican de histórico recordando sus milagrosas permanencias en la máxima categoría en tiempos de Irigoyen.
Pues no, la historia que debe interesar hoy es la más reciente, la que recuerde las dos ocasiones en las que el Cádiz logró salir del pozo de la Segunda B, una mediante el sistema de liguilla y la segunda inaugurando el actual sistema de eliminatorias. Un repaso a ese par de éxitos, en medio de tantos fracasos en esta misma categoría, puede servir para refrescar las claves que permitieron esos dos ascensos, ahora que de nuevo, y con razón, el aficionado comprueba que esta temporada se presenta, de momento, con razonables dudas sobre su final.
El primer ascenso del Cádiz a Segunda se fragua en un joven Jose González, valiente en sus planteamientos, y un director deportivo, Benito, que como jugador vivió una fallida liguilla y que después supo confeccionar una plantilla que no sólo sirvió para salir de la Segunda B, sino que con unos buenos retoques permitió subir a Primera en dos años: la columna formada por Armando, Varela, Velázquez, Raúl López, Abraham Paz, Suárez, Dani Navarrete o Pavoni se enriqueció posteriormente, ya en Segunda, con los fichajes de Manolo Pérez, Oli, De Quintana, Enrique o Fleurquin. A una buena base se le sumó otra de calidad.
Y el año de Javi Gracia, con un entrenador que ahora triunfa en Primera, se ficha con un excelente criterio a un portero que ahora visitará Carranza con el Real Madrid y a jugadores de valía como Caballero, López Silva, Ormazábal, Fragoso, Cifuentes o Toedtli.
Esa es la historia que interesa, la de los buenos fichajes.
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