En tránsito
Eduardo Jordá
Mon petit amour
EL próximo viernes, Día del Padre, Luis Roldán acudirá al Centro de Inserción Social Las Trece Rosas de su ciudad natal, Zaragoza. Como cada día desde hace cinco años. Pero esta vez no irá a dormir en chirona, de acuerdo con el segundo grado penitenciario que le concedió en 2005 la Audiencia de Madrid, sino a firmar a la liquidación de su condena. A recuperar la libertad.
El director general más lamentable que ha tenido la Guardia Civil en su siglo y medio de existencia fue condenado a 31 años de prisión por delitos de cohecho, malversación, estafa y contra la Hacienda Pública. En resumen: robó todo lo que pudo, entre otras cosas, cobrando comisiones por adjudicar a dedo obras en los cuarteles de la Benemérita mientras sus subordinados se jugaban la vida, en el País Vasco y en otros sitios. Hasta con dinero destinado a los huérfanos de la Guardia Civil se quedó durante su mandato. Más de diez millones de euros de cuando aún no existía el euro.
Fue un gran falsario, pionero de la corrupción política a gran escala en la democracia y paradigma del uso indebido del cargo público para el enriquecimiento personal. Falseó su ideología, haciéndose pasar por socialista cuando sólo era uno de esos militantes de conveniencia arrimados al poder, sea éste cual sea. Tipos como él le salen a cada partido. Por falsificar incluso falsificó su biografía, inventándose un currículum académico y profesional que nunca logró con su esfuerzo.
¿Cómo es que habiendo sido condenado a 31 años de cárcel va a salir en libertad habiendo cumplido solamente 15? Pues porque se ha beneficiado -como cualquier otro preso- de los beneficios del Código Penal de 1973 en materia de redención de penas y del Código Penal de 1995, con sentencias más leves, permisos y cambio de grado. Es lo que tiene de generoso nuestro sistema penal, que busca la rehabilitación del reo. También tiene una grieta considerable: permite al delincuente de cuello blanco pagar en cárcel, pero no en restitución de lo robado. Fallo clamoroso.
Roldán no ha devuelto los diez millones de euros que hurtó a los españoles ni ha pagado la multa de nueve millones que se le impuso en concepto de responsabilidad civil por sus delitos. Puso su patrimonio -salvo lo poco que se le pudo embargar- a nombre de dos testaferros, uno de los cuales murió en la indigencia y el otro se suicidó. Si el Estado no puede demostrar que sus propiedades son suyas no habrá manera de que devuelva nada.
El Día del Padre Luis Roldán será libre. Tal vez siga con su empleo en una agencia de seguros. Será otra falsía: no es un agente de seguros, sino un multimillonario que se hizo rico robando.
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