Línea de fondo

Jesús Guerrero

El dopaje

07 de agosto 2013 - 01:00

ESTÁ la cosa con el dopaje que no es ninguna tontería. Llevamos un añito sin descanso entre juicios, casos nuevos, sospechas y retrospectivas históricas.

España ha estado en el centro de todas las miradas durante una temporada (deportiva) por el juicio a Eufemiano Fuentes, el médico que repartió sustancias dopantes por las pistas, carreteras, estadios... En fin, a todo aquel que sudara cerca de él. La decisión de destruir las muestras de sangre para preservar la identidad de los dopados no gustó mucho, pero para que nos den los Juegos Olímpicos esos en los que casi no hemos insistido, el Gobierno legisló. De ser sospechosos a estar a la cabeza de la persecución.

Turquía también quiere Olimpiadas y ha reconocido 31 atletas positivos; Lance Armstrong le contó lo suyo a Oprah conmocionando a los incrédulos; en el Tour se habló del dopaje como algo ya intrínseco y con las ganas de quitarse ese velo, desvelando que a finales de los noventa la EPO era el pan de cada día y que ni Pantani, Jalabert, Ullrich, Zabel u Olano le hicieron ascos a las sustancias...

Los positivos del estadounidense Tyson Gay y el jamaicano Asafa Powell manchó el pasado mes de fraude los cronómetros de las pistas de atletismo y dejó a Usain Bolt prácticamente solo corriendo.

Un estudio en Alemania refleja ahora como en los años setenta la Guerra Fría también se luchó con estas armas disparando récords fraudulentos a uno y otro lado del muro berlinés.

El mundo del fútbol parece de momento ajeno a las listas negras de deportistas dopados. Pero teniendo en cuenta que no hay mes que no salte un caso nuevo, tratemos el caso con cautela. Y como las sustancias las carga el diablo y todo filete puede ser sospechoso de contener clembuterol, el Barcelona debería fichar a una abuela para empachar a Neymar a base de potajes y que recupere los siete kilos perdidos con la anemia con soluciones de toda la vida.

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