La esquina
José Aguilar
Óscar Puente no está para Adamuz
Casi nunca estoy del todo de acuerdo con la periodista Paloma Cervilla. Lo que no obsta para que seamos buenos amigos. A mí me divierte tanta divergencia política, cuando ambos nos consideramos de derechas (cada uno a su modo) y compartimos estrechas coordenadas espacio-temporales –somos de la misma tierra y de la misma generación–.
Ahora me extraña escribir un artículo para darle toda la razón de una forma contundente hasta en los mínimos matices. Paloma Cervilla llegó a la estación de Atocha, que desde que se llama Almudena Grandes no levanta cabeza, y llamó la atención sobre el hecho de que la escalera mecánica estuviese estropeada. En las redes le afearon que, tras el accidente, todavía localizando desaparecidos, ella se quejase de que una escalera no funcionaba.
Periodista de raza, hacía muy bien. Era noticia porque el diablo está en los detalles. Esa escalera rota, o esos asientos que han quitado de la misma estación y que el otro día Rafael Sánchez Saus, columnista de raza, señalaba aquí como síntoma de falta de respeto a los viajeros, son significativos. Si descuidan lo que todos vemos, ¿qué no harán con lo que parece pasar desapercibido? Hasta que pasa algo.
Y sobre el desprecio y el descuido, la mentira. Las escaleras mecánicas de la estación del Puerto llevan estropeadas meses. Y no digo años porque no quiero mentir ni por involuntaria exageración. En todo este tiempo, han tenido un cartel que reza o blasfema: “Estamos trabajando en los arreglos. Perdonen las molestias”. No están arreglando nada. Esta normalización de la mentira más descarada parece irrelevante y es gravísima.
Cervilla hizo muy bien en denunciar esa escalera rota y Sánchez Saus esos asientos inexistentes. Si queremos que las cosas funcionen tenemos que exigir en los servicios públicos el mismo cuidado que nos exigimos a nosotros en nuestro trabajo cotidiano (y viceversa, en círculo virtuoso). Si vamos dejando que todo se degrade y nos refugiamos en el estoicismo, al final la degradación se nos derrumba encima. Quizá pocas labores periodísticas sean más urgentes y más de interés general en estos tiempos que mostrar el deterioro civil. España, porque así fue no hace tanto y por la formación de sus gentes y por la presión fiscal, debería funcionar como un reloj o como una escalera mecánica.
También te puede interesar
La esquina
José Aguilar
Óscar Puente no está para Adamuz
Con la venia
Fernando Santiago
Los irresponsables
Por montera
Mariló Montero
La puerta de Cristina
Su propio afán
El diablo en las minucias