La Azotea

José Antonio López

jalopez@diariodecadiz.com

¡Qué coraje, Cádiz!

No es, quizás, la palabra más gaditana, ni siquiera la expresión más usada en este Cádiz tan adicto a sobrenombrar los genitales de ambos sexos para soltarlos al final de cualquier conversación, venga o no a cuento. No, la palabra coraje no se tiene por gaditana. Sobre todo porque no lo es, porque es un vocablo de amplio uso que, en una de sus acepciones, indica "irritación, ira". La otra es la que la relaciona con el valor, con el esfuerzo. Cádiz atenúa la primera acepción cuando, también como coletilla de algunas charlas, se lanza ese lamento: "¡Qué coraje!". No hay ira, quizás irritación, pero sobre todo hay una especie de desazón, de oportunidad perdida, de darse cuenta de que se ha llegado tarde a alguna cosa, que algún valioso tren ha pasado y que montarse en él es ya misión imposible. Pues contra el lamento, el otro coraje, el de la decisión, el del esfuerzo, el del valor: "¡Coraje, Cádiz!".

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