Ciudadanos tomados por tontucios

06 de marzo 2026 - 03:06

Si el presidente del Gobierno proclama el “no a la guerra”, pero al día siguiente envía al frente a la mejor fragata de la Armada, la conclusión es sencilla y clara: miente, enreda, trata de confundir, abusa de la propaganda y, lo que es más grave, considera que la mayoría de sus administrados somos menores de edad. Es el efecto de la cultura de la supervivencia y del populismo revestido con doctorados manipulados y adobado en el márquetin político: el trato a los ciudadanos como si fuéramos seres carentes de juicio, sin capacidad de discernimiento y, por tanto, directamente tontucios. Sánchez rescata el “no a la guerra” de los tiempos de Aznar a la hora en que, probablemente, ya estaba decidida la orden de movilizar la Cristóbal Colón, el buque tecnológicamente más avanzado que se integrará en el grupo que liderará el portaaeronaves francés Charles de Gaulle. La mentira está amortizada en el sanchismo, incluso podría afirmarse que está perfectamente integrada en la forma de hacer política. “¡No a la guerra!”. Claro que sí. ¿Quién en su sano juicio puede estar a favor de que Rusia lleve cuatro años majando Ucrania a base de bombas, o de que Estados Unidos e Israel abran fuego contra Irán sin pasar por los mínimos controles democráticos y del Derecho Internacional? Nadie puede estar a favor, pero una de las mayores pruebas del ser adulto es aceptar que el mundo es injusto y que la maldad existe. Los valores de Occidente se irán definitivamente al garete si vivimos instalados en el buenismo, aspiramos solamente a ciertos criterios de calidad de vida, nos sumergimos en una cultura de derechos, reducimos las obligaciones y nos entregamos al hedonismo de la sociedad de consumo. Mientras, los malvados se arman y conocen nuestras debilidades. Bailemos en las manifestaciones de los domingos por la mañana al son del “¡no a la guerra!” para irnos después a tomar el botellín. No nos damos cuenta de que el panorama mundial está cambiando, Europa está frágil y amenazada, los malvados y botarates temerarios están en las principales cabinas de mando y hay quienes están muy interesados en que todo se reduzca a Estados Unidos, China y Rusia. Quieren segar la cuarta pata de la mesa, que es la vieja Europa, aprovechando que estamos muy acomodados por sucesivos gobiernos entregados al tacticismo electoral y la venta de mensajes irresponsables que son pura anestesia (“Trabajar menos y vivir más”). No queremos guerra, pero hay que trabajar una paz que solo pasa por la seguridad. Europa bien merece ser defendida, porque es uno de los grandes éxitos de la humanidad.

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