Me arrepiento

Qué raro resulta, si se piensa, eso de los famosos de que ellos no se arrepienten de nada

Escribí hace años pasmándome de esa gente (famosos, sobre todo) que proclaman en las entrevistas que no se arrepienten de nada de lo que han hecho en la vida. El argumento es que todo ha sido esencial para que, en la concatenación de las causas y los efectos, se llegase al estado actual, del que están, como salta a la vista, tan satisfechos o satisfechas. Yo podría publicar otra vez aquel artículo, porque la que los tenía todos en la cabeza era mi madre, que me reñía si repetía un chiste, advirtiéndome de que mis lectores esperaban de mí algo más de exigencia y originalidad. Ahora colaría, ay. Sin embargo, yo, allí, me limitaba a pasmarme de la falta de autocrítica de quien es capaz de no arrepentirse de nada en su vida si cualquiera en su día se arrepiente de siete cosas, por lo menos, a poco que las piense.

Con el tiempo, me he hecho más piadoso, y ahora me gustaría añadir dos argumentos pedagógicos, además del de una mínima exigencia moral, para desactivar ese tópico o cliché. El primero, muy a gusto de la postmodernidad, será el argumento ad hitlerum. Esto es, si todo lo que hemos hecho en la vida goza de inviolabilidad jurídica en el tribunal de nuestro juicio porque nos trajo hasta aquí, ¿no nos ha traído igual hasta aquí mismo toda la historia de la humanidad? Nerón y Atila, por supuesto, pero nos quedan más cerca la segunda guerra mundial o la reconversión industrial de Felipe González. ¿Podemos juzgar la historia o no? La lógica de que todo eso tuvo que pasar (como tuvo que ocurrir) para que nosotros estemos ahora tan a gustito se le aplica igual.

El segundo argumento es que seguro que alguna vez, antes de llegar a ser famosos y a tener la estupenda revelación de la respuesta super cool del anti arrepentimiento, se arrepentirían de algo. Y entonces, aquel arrepentimiento precoz forma parte de la serie de cosas de las que no se arrepienten y del laberinto de las causas y azares que le han depositado en el esplendoroso presente. Esos arrepentimientos previos a su iluminación mística les han configurado tanto como todo lo demás. ¿No los agradecen?

Nuestra situación actual, por muy satisfactoria que nos parezca, no es más que una estación de paso. Importa adónde lleguemos al final y para acertar ahí nos conviene muchísimo ir corrigiendo el rumbo y llevando firme el timón, para lo que arrepentirse resulta imprescindible. Arrepiéntanse, no se arrepentirán.

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