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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Vox y San Telmo

La dosis de quina que ha tenido que tragar Mañueco se puede convertir para Juanma Moreno en ricino

No hay que ser un politólogo avezado para darse cuenta de que a Juanma Moreno lo último que le apetece es compartir mesa con Vox en los consejos de gobierno. Y que ve lo que ha pasado esta semana en Castilla y León como un prólogo inevitable de lo que le puede pasar a él cuando se celebren las elecciones autonómicas en Andalucía, incógnita, en cuanto a la fecha, a la que ya sólo le quedan días para que sea despejada. Además, si se cumplen los peores presagios para el presidente andaluz, lo que ha pasado en Valladolid se puede quedar pequeño con lo que pueda pasar en Sevilla. En Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco ha tragado su dosis de quina con la inclusión como vicepresidente de un miembro de Vox que, por lo menos y hasta donde se sabe, no es de lo más montaraz del partido que presume de ser propietario exclusivo de la esencia de España. Aquí, la quina puede convertirse en ricino si Juanma se ve obligado a sustituir al buenazo de Juan Marín por el ciclón que representa Macarena Olona, aliniada con las posiciones más ultras de la ya de por sí muy ultra formación en la que milita.

A Moreno no le faltan motivos para temer que este escenario sea al que tenga que enfrentarse cuando en la noche del domingo electoral vea encima de la mesa el reparto de escaños. El presidente de la Junta ha construido un personaje que ha gustado en Andalucía por su talante de diálogo permanente, su moderación centrista y transversal y porque no ha lesionado de forma contundente el paternalismo de Estado que, con sus muchísimas carencias, permitió a los socialistas gobernar durante casi cuatro décadas en la región. Con Vox en San Telmo todo esto sería mucho más difícil. Quizás, hasta imposible. Sobre todo, si se tiene en cuenta que Andalucía, mucho más que Castilla y León, sería el laboratorio donde Vox mediría la profundidad del foso que puede construir en torno a Alberto Núñez Feijóo antes de las próximas elecciones generales.

Moreno cree que si convoca en junio podría coger la ola ascendente del PP que impulsa su nuevo liderazgo y sortear la difícil situación económica que apunta para el otoño si la guerra de Ucrania, como parece muy probable, se eterniza. Si logra que su partido sume más diputados que toda la izquierda podría tener una oportunidad para gobernar solo y conseguir de Vox un apoyo para la investidura. No las tiene todas consigo y hace bien. La victoria, que tiene al alcance de la mano, puede atragantársele.

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