El Palillero

José Joaquín / león

Salvochea santificado

DESDE que el alcalde de Cádiz, José María González, cambió un retrato del Rey Juan Carlos en su despacho, para poner otro de Fermín Salvochea, se detecta una corriente de admiración (y otra de odio) por el personaje. Si fuera por los de Podemos, supongo que lo nombrarían en una asamblea (a modo de cabildo general ordinario) como patrono laico de Cádiz. Por cierto que en 2017 se cumplirá el 175 aniversario de su nacimiento. Si su retrato no sale en una procesión de alabanza atea será un verdadero milagro.

El lunes se reunieron el alcalde y el concejal Martínez de Pinillos con miembros de la Asociación Amigos de Fermín Salvochea (que en realidad debería titularse de Admiradores, pues dudo que ninguno lo conociera en persona para gozar de su amistad, ya que don Fermín murió en 1907). Pretenden organizar actividades conjuntas y ampliar la ruta de Salvochea, que en parte ya existe. Por ejemplo, en un jardín de Candelaria hay una placa, de contenido opinable, sobre el derribo del convento, que fue colocada siendo Teófila alcaldesa.

Conste que Fermín Salvochea siempre me ha interesado como personaje. Por sus luces y por sus sombras. Lo malo es que en Cádiz unos sólo hablan de sus luces, y le organizarían unas fiestas patronales si podemos, por ser tan bueno, regalar sus bienes a los pobres y vivir como un santo ateo. Y los otros lo ven como un demonio, que derribó por la cara el convento de Candelaria, intentó vender la Custodia de la Catedral (que no era suya, ni del Ayuntamiento), aparte de su discutible vinculación con crímenes anarquistas y hasta con la Mano Negra. Sobre casi todo lo suyo hay controversias. También sobre su papel en la sublevación de los Batallones de la Libertad, que originó un éxodo de 30.000 habitantes, en lo que algunos consideran paso decisivo para la decadencia de Cádiz. Pero es indiscutible que miles de gaditanos lo respetaban y admiraban. Fue un personaje de leyendas.

En 1975, cuando todavía vivía Franco pero su régimen ya estaba en las postrimerías, yo escribí un artículo juvenil sobre Fermín Salvochea en la Hoja del Lunes de Cádiz. Era básicamente biográfico. No me lo censuraron, ni nadie protestó. Porque para el régimen de entonces Fermín Salvochea era una rareza. Más o menos un caso histórico, como sería hoy el Conde O'Reilly. Tampoco entonces se conocía demasiado la historia de Cádiz, en lo que seguimos igual.

A Salvochea lo debemos ver con objetividad, sin tanta pasión. También hay que reconocer que se parecía poco a Kichi.

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