Manolo, hazte la cena tú solo

JUNTO a la pancarta un tanto verdulera “No salí de tu costilla, saliste de mi coño” (perdón a las verduleras, gente educada, pero es un dicho), se podía leer en la manifestación de Cádiz del 8M, día de la mujer trabajadora, ésta otra: “Manolo, hazte la cena tú solo”. Preocupante. ¿Quién es ese tal Manolo? Desconozco las estadísticas, pero en mi entorno masculino generacional, el laboral y el afectivo, los hombres cenamos por nuestros propios medios. Es verdad que nuestras madres hacían la cena a nuestros padres, pero nosotros hemos crecido de otra manera, nos hemos juntado con mujeres que no eran nuestras madres. No sé hasta qué punto es cierto eso de que los hombres se casan con sus madres. Desconozco cuántos cocinamos, planchamos, ponemos lavadoras, limpiamos la cocina... Somos muchos. Vale, deberíamos de ser más. Sin duda, habrá manolos (perdón a los que se llamen manolo, etc), pero, de verdad, mujer, ¿le haces la cena todas las noches? Y después del 8M, ¿se la seguirás haciendo?

Por motivos que no vienen al caso conozco de primera mano un problema que hay en los institutos. Se trata del amor romántico. Muchas adolescentes quedan prendadas de pequeños tiranos, desde muy jóvenes parecen esclavizadas del guapito (perdón a los guapitos, etc) y, en muchos casos, del imbécil de la clase. Esos tíos son a los que hay que aislar. Si no lo hacen en sus casas, lo debemos hacer en sociedad. Son los menos, pero si crecen sin control se pueden juntar en manada. Ese es el inicio del problema, el auténtico inicio del problema. Y el mayor problema es cuando ellas niegan el problema. Son serias candidatas a hacerle la cena a Manolo. De hecho, son serias candidatas a algo peor. No lo perdamos de vista.

Pero el 8-M era el día de la mujer trabajadora. Hay muchas reivindicaciones por las que seguir peleando. La diferencia salarial se da por muchos conceptos, pero el principal es porque vosotras sois madres. No sólo no es justo, sino que es absurdo. Las pocas mujeres que toman decisiones en las empresas siguen siendo una estadística preocupante. La dificultad con la que madre sin pareja se enfrenta al mercado laboral debe de ser subsanada de inmediato. Sigue habiendo trabajos de hombres y de mujeres, en una diferenciación decimonónica, y hay trabajos que son de 'mujeres' que son cuasi esclavistas -también algunos de 'hombres'-. Y muchas cosas más. Pero, la verdad, no me ha parecido que se hablara mucho de todo esto, o, al menos, no lo que se debería, estaré confundido (perdón, etc.)

Admiro a muchas más mujeres que hombres. Esas mujeres a las que admiro tienen el coraje al que habría que ver cómo nos enfrentábamos los hombres. Posiblemente lo haríamos, pero son pocos los que lo pueden demostrar. Junto a esto conozco a muchas mujeres que me llenan la cabeza de palabrería, también jovencitas que, al igual que tantos jovencitos, parlotean mientras su madre o su padre les pone la cena en la mesa. Otra vez educar, otra vez la casa.

Leo en estos días la saga de la escritora Elizabeth Jane Howard, una serie de novelas sobre una familia británica durante la II Guerra Mundial, los años anteriores y los posteriores. Es una obra magistral compuesta por tres novelas. Tiene una estructura coral y por sus páginas desfilan personajes femeninos que son un retrato de muchas mujeres diferentes. Es una gran novela feminista, mucho más que gran parte de los panfletos, ese magnífico negocio editorial, que se publican repitiendo consignas, generalidades como ésa de “Manolo, hazte la cena tú solo”. No creo que sea muy leída. Es una pena.

Si alguna joven está leyendo esto, cosa que dudo, y está tonteando con algún tipo del que tiene la sospecha que le va a tener que hacer la cena cada noche, con todo el cariño te lo digo: tía, no seas gilipollas, sal echando hostias de ahí, busca la independencia económica, deshazte de ese aprendiz de cabrón (yo también sé ser un verdulero -con todo el respeto para los verduleros, etc.-)

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