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Así que la maldición era esto, ¿ no Manolo? La del puñetero destino que ha jugado vilmente con nosotros. Hoy te doy un primer premio, mañana te arranco el alma. Qué ibas a saber tú cuando con esa ilusión con la que explicabas un tipo me contabas la idea del 2019, en el exterior del antiguo 606, ahora El bar nuestro de cada día, en tu barrio. La lapa resultó tan negra como el vacío que nos dejas, que dejas a Cádiz, a La Viña y al Carnaval. Así han venido las cosas, así tu marcha deja aquí cientos de huérfanos con las ganas de seguir aprendiendo de tu sabiduría carnavalesca y de escuchar tus historias mitad verdades, mitad mentirijillas, pero con la gracia innata de los elegidos por la varita mágica de la Trimilenaria. A tus compañeros de chirigota, los de antes y los de ahora, les queda el consuelo de haber sido testigos de cómo un hombre sencillo, del pueblo, era capaz de materializar en cada ensayo y luego en el Falla una manera de vivir el Carnaval única, pura y verdadera. Un trabajo de artesanía necesario para respetar el legado que te encargaron tus admirados Juan Poce, Fletilla y Chimenea, de los que tú eras el heredero natural. Adiós amigo, adiós leyenda. A estas alturas no sabemos si esto es una bendita maldición, como decías en la presentación de este año, o una maldita bendición. Vive eternamente en tu Caleta y vigila desde su cielo de luz de plata para que no se pierda el buen compás.

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