Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
CULEBRÓN en inglés se dice serie. Cegado por la moda, no caí en la cuenta de que las series son los culebrones de toda la vida con una manita de posmodernidad, si acaso. Y entonces llamé a Susana Díaz la Khaalesi, como si no supiese que las metáforas las carga el diablo y que la realidad imita al arte. El resultado: la investidura se ha convertido en un culebrón de aquí te espero (la que espera es Susana) y ya vamos por Juego de tronos cuarta temporada.
Como en las series, cuando parece que todo va a concluir, sacan de debajo de tierra un ramal de la historia que la alarga otros 13 episodios más, lo menos. Literalmente es lo que ha pasado con la mina de Aznalcóllar y la investidura, que de golpe está minada o laminada.
Como en un argumento enrevesado de la HBO, los apoyos hipotéticos a la investidura iban y venían de unos partidos a otros a una velocidad de vértigo. Primero, parecía hecho con Podemos; se sumó Ciudadanos, que enseguida acaparó focos; luego, se enfrió, en buena medida, porque Rajoy, en plan la Araña, se encargó de encandilar a Susana con la promesa de una abstención incondicional del PP; anteayer parecía que Albert Rivera volvía a enchufarse… Pero lo de la mina ha estallado en el peor momento.
Bueno, en el peor momento para Susana Díaz; no para Ciudadanos ni para Podemos que tienen que andar suspirando de alivio por los rincones. Imaginemos lo que hubiese sido el escándalo de la mina con un pacto de los inmaculados regeneracionistas recién firmado. No habrían encontrado un agujero suficientemente profundo para que se los tragase la tierra.
A Susana Díaz se le han puesto las cosas más complicadas, si cabe, y con el tiempo en contra. A ver quién se arrima ahora a ella, que sale tiznada de Aznalcóllar, cuyo solo nombre tiene ecos tóxicos, y con la juez de instrucción número 3 de Sevilla a la espalda, como el esclavo del carro del emperador, diciéndole al oído: "Sin el mínimo rigor, sin el mínimo rigor", y con unas elecciones a la vuelta de la esquina a las que todos quieren llegar de punta en blanco. Hoy por hoy, Podemos es Pensemos y Ciudadanos es Cuidémonos.
De momento, el que ha dado con una veta ha sido al PP, quién lo hubiese dicho hace dos semanas. A las dificultades de Susana, se suman las meteduras de pata de Rivera y el desinfle de Pablo Iglesias. Claro que, siendo un culebrón, todo está en el aire. Sólo una cosa es definitiva: continuará.
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