Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
EL verdadero debate en la ciudad de Cádiz no es la crisis económica, las pantallas que quiere poner el Ayuntamiento por toda la ciudad, el enfrentamiento Junta-PP por la política de vivienda, los cambios en el PSOE, los incidentes del pleno de la Diputación o si Altadis resurge de sus cenizas. Todo eso son tonterías sin importancia. Asuntos menores. El paro no le interesa a nadie porque es mentira, que todos cobran su paguita o están en la economía sumergida. La vivienda da igual, que los chavales se queden a vivir con los padres. Lo que ocurra a los políticos es asunto de ellos y a los demás nos da igual. Lo importante en Cádiz es si vamos a empezar a cargar a costal los pasos en Semana Santa. Yo estoy verdaderamente interesado en el tema porque creo que es el futuro de Cádiz. En ello nos va la vida, el eterno debate entre tradición y modernidad que entre los capillas se llaman talibanes y sevillitas. Un debate a cara de perro, según dicen, entre quienes defienden el hombro gaditano, herencia de los cargadores del muelle y los de bombonas de butano, y los costaleros sevillanos , con la derivada de la 'molía' jerezana. Un debate fascinante promovido por los infalibles Carlos Alarcón y Fernando Pérez Cabrales, que ya iniciaron en Ecce Homo la carga con el hombro al paso de Sevilla con el punto culminante en 1999 en la famosa 'batalla del Palillero' que tanto en Cádiz dio que hablar. Ahora hemos ido un paso adelante y la propuesta es cambiar los pasos para poner trabajaderas, que para el que no sepa de esto (ese no tiene alma ni corazón) es que las vigas con las que se lleva el paso sean horizontales en vez de verticales, para que se puedan llevar con la cerviz en vez de con el hombro. O algo parecido. Las cofradías en vez de preocuparse por la Ley del Aborto como recomienda Martín José García (ese abogado que pierde todos los casos para el Cádiz CF) o por el cambio de sentido de la carrera oficial, se dedican a un tema en realidad trascendente, que afecta a la esencia de la ciudad: la carga a la gaditana o a la sevillana, renovarse o morir. La ciudad contiene el aliento. Yo en verdad siempre pensé que lo ideal es que la gente rece en los templos o en sus casas y nos evitamos que se bloqueen las calles y se ensucie la ciudad. Si esto no puede ser, el plan B es que todo sea lo más rápido posible: que los pasos vayan a ruedas, si puede ser con motor, para que todo vaya con la celeridad necesaria y como defendía mi dentista, el añorado Dr. Fuentes, que en vez de cirios lleven bombillas para que la cera no estropee las calles... Si no puede hacerse de esta manera, pues que se cargue de la forma más rápida: todos a paso de horquilla, que ya dijo el inolvidable Alfonso Carlos García González-Betes que es la manera más rápida de llevar las cosas en Cádiz y encima respeta las más rancias tradiciones de los tradicionalistas y de las jons de Vera Cruz y compañeros mártires. En su defecto, claro, a costal, aunque sea sevillano, que satisface al sector radiofónico del capilleo y va ligerito. Los malos tragos hay que pasarlos pronto.
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