crónica personal

Pilar Cernuda

Análisis periodístico

27 de mayo 2011 - 01:00

ESTÁN -estamos- muy desprestigiados los periodistas y seguro que con razón, se han cometido auténticas tropelías, desbaratado biografías de personas decentes que no han podido superar las calumnias, se ha bailado el agua a algunos poderosos intentando medrar y se ha dado relevancia a asuntos menores mientras se dejaban de lado los que de verdad importan. Pero aun reconociendo que los periodistas españoles están -estamos- obligados a hacer examen de conciencia sobre las causas que han provocado el desafecto y el desprestigio, hay que reconocer que, sin embargo, no ha fallado el olfato político, eso tan español de "verlas venir".

Que Rodríguez Zapatero era un político mediocre que se rodeaba, con excepciones, de ministros más mediocres todavía, lo cuentan bastantes desde hace cinco o incluso seis años. Que su único soporte en el partido se basaba en que era el presidente de Gobierno, sólo en eso, se demuestra estos días en los que, previendo que llega al final de su mandato, muchos de los que arremetían hace semanas contra los analistas que le criticaban sistemáticamente con argumentos sólidos ahora ponen de vuelta y media a Zapatero, no han parado hasta que anunció que no sería candidato porque pensaban que de esa manera podían salvar la cara en las elecciones del 22 de mayo, y ahora se mueven para enviarle cuanto antes a León o a donde sea, porque cuanto más tiempo permanezca en La Moncloa más daño hará al PSOE, ya que es una persona incapaz de tomar las medidas que necesita este país. Que es exactamente lo que decían -decíamos- algunos periodistas desde los tiempos en los que la eterna sonrisa del presidente provocaba adhesiones inquebrantables y gritos de entusiasmo.

Acertaron los periodistas -multitud- que insistieron en que la continuidad de Camps en Valencia podría traer malas consecuencias para el PP, y se comprueba ahora cuando un tribunal no le deja ni disfrutar de las mieles de su nueva victoria y anuncia que analizará con lupa sus cuentas y las de varios de sus colaboradores, investigando una posible financiación ilegal del partido. Y acertaron los periodistas -multitud también- que afirmaron que Rajoy había cometido un profundo error cuando descartó a Álvarez-Cascos como cabeza de lista al gobierno del Principado asturiano. Cascos va a ser presidente, el PP de Gabino de Lorenzo y Ovidio ha recibido un varapalo monumental.

Y no fallaron tampoco los analistas que reiteraron su desconfianza con la resolución de la ONU que limitaba tanto la intervención militar en Libia porque esos límites impedían derrocar a Gadafi. Desprestigiados, sí, pero cantidad de analistas han tenido más visión que algunos de los más avezados políticos. No por ser mejores, sino porque los políticos, a menudo, no quieren reconocer lo evidente.

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