El Alambique
María González Forte
Tramposa
Se dice de la gente que trampea. Gente. Sí. Aunque suene vulgar. Alguna no tienen perdón, como quienes tratan de erradicar cualquier cultura, por diferente o pésima que parezca. Las injusticias estructurales no van a desaparecer con la violencia sino con el acceso a una educación universal.
Trampas hace el padre desagradecido con nuestras escuelas: esos que pasan el tiempo criticando sus métodos mientras los pequeños oyen, y su criterio se balancea creyendo perversos a los profesores.
Trampa hace el hermano que engaña. El que discute, incordia, o vive en un eterno conflicto todo lo que le rodea. El ambicioso.
Trampas hace el que injuria a los demás a sus espaldas, por muy convencido que esté de que tiene razón.
Tramposo es el que tima, vendiendo algo que no vale lo que dice. El que estafa abiertamente y se ríe después del incauto que le creyó. Quienes juegan con cartas amañadas, por mucha pinta de señor que tenga.
Trampa hace el jefe de cualquier tribu que solivianta a sus seguidores mostrando maldades de los que viven al otro lado del mundo sin ver las propias. El que enardece la muerte del que piensa distinto y justifica la violencia por la violencia. El que bombardea sin piedad, a costa de la muerte de cientos de inocentes.
Lo más triste es que lo permitimos. Si ya nos asusta oír a tanto déspota por televisión, tenerlo cerca debe dar escalofríos. No puedo entender esos rostros de quienes siguen sus juegos sucios con risas, probablemente acongojadas. Todos o la gran mayoría, han sido hijos o nietos de emigrantes que buscaron en las Américas un futuro digno. Esos mismos que ahora evitan la conciliación entre naciones con la pretensión de adueñarse de las riquezas del mundo. Y de nuevo la eterna pregunta: ¿Cómo conseguir la paz?
S. Pablo VI lo dijo: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia”.
Será el esfuerzo de cada uno por intentar hacer del mundo un lugar mejor. Conseguir que todas las personas, independientemente del lugar de donde procedan, vivan con dignidad. Donde cada pueblo disponga de los derechos humanos fundamentales: salud, educación, trabajo e igualdad.
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