Cambiar

03 de enero 2026 - 07:00

Esta mañana hablaba con una conocida de unos amigos comunes que son muy distintos política e ideológicamente pero que se llevan muy bien. Ella sintetizaba el tema diciendo: “Sí, pero se quieren y se respetan. Eso es lo importante, aceptar y respetar la diversidad”. ¡Qué simple y qué difícil! Cuántos de los problemas actuales se arreglarían con solo poner en práctica esta fórmula cargada de sentido común. Me gustó tanto que pensé que me lo pediría en el brindis de Año Nuevo, después de la salud y la paz, claro. No es que yo crea realmente que el cambio de año nos vaya a hacer mejores, pero estoy cansada de escuchar como un ritual los pronósticos, casi siempre agoreros, para el año que entra.

A mí lo que me gustaría en realidad es que dejáramos de quejarnos de lo mal que va todo y empezáramos a ocuparnos de que las cosas funcionaran mejor. No nos sirve la previsión de cuánto va a subir la vivienda este año, por ejemplo, si no exigimos a nuestra clase política que se tome en serio la cuestión y se ponga a regularla. Ni los estudios que detectan que las nuevas generaciones son ya cada vez más inquietas y dispersas por tener desde la cuna un móvil en la mano. Lo que habrá que hacer es conciliar los trabajos y mentalizar a las familias para que ocupen el tiempo que ahora no tienen en prestar atención de calidad a sus hijos e hijas, que dialoguen y jueguen con ellos. Ni nos sirve quejarnos de las terribles consecuencias del cambio climático si no estamos dispuestos a modificar nada nuestra forma de vida para no seguir deteriorando el planeta. También estoy ya harta de escuchar lo difícil que es para la juventud hoy día conseguir un empleo con un sueldo digno mientras nos vanagloriamos de lo barato y rápido que nos ha llegado un pedido que hemos hecho a China o al restaurante de la esquina porque lo único que hacemos es fomentar así millones de desplazamientos individuales y de empleos basura. En definitiva, que creo que nos quejamos demasiado, pero nos comportamos como seres caprichosos que no quieren ser molestados, que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Que no nos damos cuenta de que para conseguir realmente un cambio hay que arrimar el hombro.

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