Tráfico Las cámaras que multarán en Cádiz por entrar en el centro de la ciudad sin cumplir los requisitos

That's the question, darling. Freidores on fire. Como anuncia Pepe Monforte en su Cosas de comer un prestigioso jurado de comilones ha determinado por encima de la duda razonable que los mejores churros de la provincia de Cádiz se dispensan -como los ungüentos de la botica- en la Isla de León, ese sitio camaronero donde se dicta la hora de toda España y que aún tiene el mal gusto de llamarse San Fernando. Existen otros lugares cuyos churros presentan un nivel estratosférico, como los de La Marina en Cádiz o los de Hornos la Española en Chiclana, pero tenían que competir, nada más y nada menos, con los del Bar El 44 o los de La Florida. Misión imposible, chavales. Es como intentar hacer tejas más ricas que las de El Puerto.

Otro tema es ya el de su preferencia: ¿churros o porras? Igual que hay gente a la que no le gusta la tortilla de patatas con cebolla y sus pimientitos rojos y verdes, y otra que la prefiere al peligroso estilo Betanzos, siempre habrá quien pida una fritura gorda y grande, ande o no ande. Bueno, vale, aceptamos churro como animal de compañía. Seamos conscientes de lo sexualmente implícito de estas delicias aceitosas. Churros, porras y todo lo que descanse a un lado.

A veces me planteo qué les gusta a los famosetes en su fuero interno -es decir, cuando se quitan el aura de famosetes, los famosetes-. Si preferirán el cocido madrileño a la berza gitana, o las fabes con chorizo antes que las lentejas pardinas. Unos salen en la portada del Hola y a otros no les hace retratos ni un fotomatón, pero todos tienen el mismo fin -Sit tibi terra levis- y gastan el mismo miajón de pan, rebañando las ollas de menudo.

Igual que se descubre al actor extraordinario viendo su actuación en una película sin sonido, mucho podría descubrir la psicología clínica patria estudiando a nuestros políticos, categorizándolos, por sus hábitos alimenticios y sus gustos culinarios, que son cosa distinta, vive Dios. En esta semana del coitus interruptus legislativo de la Ley del "Sólo Sí es No", no he podido dejar de preguntarme si Pedro Sánchez, Irene Montero, Pablo Echenique, Núñez Feijóo, Ione Belarra o Pilar Llop son de porras o de churros.

Claro está, ahora vendrán los malpensados a decir que soy un grosero machista que usa simbología fálica, se burla de la hipersexualización de la comida tradicional, y pedirán que las churrerías se gestionen desde una perspectiva de género. Así que si durante estos días invernales de frío extremo usted hace cola a la intemperie frente al puesto de churros del 44 pensando en que va a mojarlos con toda la mala intención en un tazón de sensual chocolate calentito, recuerde: los políticos son como los censores, siempre se les puede mandar a freír churros. O a comer porras.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios