Estaba en una ocasión con un tío mío gallego paseando por un bellísimo parque ferrolano cuando me regaló una reflexión personal acerca de la profesión que yo había elegido: "Los abogados, para ser buenos, tienen que llevar una Montblanc, mirar la hora en un peluco caro y tener un cochazo. Es marketing, si no los tienes, no eres buen abogado". Aunque sea un argumento anecdótico, y quizás responda a cierta base real, este pensamiento parece ser compartido por parte de la sociedad, la misma que piensa que todos los abogados son ricos, libertinos y egocéntricos. Quizás sea por eso que los ocupantes del Congreso de los Diputados no han podido encontrar un momento libre para cumplir la promesa hecha a los colegios profesionales de abogados y procuradores y declarar inhábiles los días navideños.

Por si no lo saben, las vacaciones de Navidad están compuestas, en la Administración de justicia, por días hábiles, lo que significa que esos días se celebran juicios, los plazos corren y vencen, y que los letrados no pueden conciliar su vida laboral y familiar porque se ven abocados a abrir sus despachos al público, revisar sus correos electrónicos, contestar demandas, plantear recursos y hacer lo mismo que el resto de los días del año, exceptuando agosto.

Porque, ¿para qué quieren los colaboradores de la administración de justicia tantos días libres? ¿Para ir con sus hijos a visitar Belenes? ¿Para acudir con sus cónyuges a tomar café con churros por las tardes? ¿Redactar cartas a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente? Nuestros políticos dirán que no hay necesidad de que los abogados tengan tanto ocio, supongo. Hay que disculparlos: apenas han tenido un año para declarar la inhabilidad del período que va del 23 de diciembre al 6 de enero. Aunque todos los políticos del hemiciclo acordaran tramitar el proyecto de Ley o lo que fuera que sea, no les hubiera dado tiempo.

Uno de los principales problemas es que el Consejo General de la Abogacía Española no ha instado sedición contra la patria alguna. Si la hubiera orquestado, declarando la escisión de su institución del Estado español, al estilo Puigdemont, el Presidente Pedro Sánchez se travestiría en el principal abogado defensor de los derechos de los propios letrados, el adalid de la conciliación, y el más feminista entre los feministas.

Pero, desgraciadamente, el organismo dirigido por Victoria Ortega no ha tomado las Ramblas ni ha salido a las calles a pedir su independencia y ha acordado el impago de la deuda histórica que mantiene con el país que lo acoge, por lo que, al no necesitar de su apoyo electoral, la reforma exprés que posibilitaría que procuradores y abogados puedan disfrutan de las navidades en familia ha quedado sin tramitarse en tiempo y forma legales.

Las navidades están aquí ya, las calles relucen con el alumbrado que cuelga de balcón en balcón, y muchos de los profesionales de justicia que carecen de las vacaciones que contempla el Estatuto de los trabajadores, autónomos y mutualistas, volverán a ver en sus propias carnes lo muchísimo que importan a sus gobernantes. Los mismos que usan pelucos gordos, magníficas plumas Montblancs y carísimos Falcons.

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