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La esquina del Gordo

Politicismo y estatización

Decir a estas alturas que la crisis solo es sanitaria, no es verdad. Habría que ser más rigurosos para llegar a la conclusión de que la crisis sanitaria está poniendo al descubierto otra crisis más profunda

El primer concepto no lo busque en el DRAE porque aún no está incluido a pesar de que Ortega y Gasset ya lo definía en el año 29 del siglo pasado: "Politicismo: la absorción de todas las cosas y de todo el hombre por la política. La masa en rebeldía ha perdido toda capacidad de religión y de conocimiento. No puede tener dentro más que política, una política exorbitada, frenética, fuera de sí, puesto que pretende suplantar al consentimiento, a la religión y a la sensatez". Tristemente el coronavirus, aparte del peligro sanitario, está dejando al descubierto a una clase mostrenca que pretende que hasta la cesta de la compra pase por lo que ella decida. Aceptarlo así, sin ningún tipo de rebeldía, es Politicismo. Imponerlo como única salida es Estatización o Nacionalización, que sí están en el diccionario y se definen como "Acción y efecto de convertir algo privado en estatal". Que no es lo mismo que lo anterior cuando, además, se hace por la fuerza.

Si el Politicismo puede pasar como la necesidad de una organización que administre todo aquello que se escapa a la iniciativa privada, —lo que genéricamente se denomina gestión de bienes comunes  tales como sanidad, obras públicas, educación…— con la condición de que exprese fielmente la voluntad del pueblo, la Estatización o Nacionalización es la tiranía del Estado contra la sociedad; la pretensión de que el Estado sea el único dueño de todo y que de su 'benevolencia' dependa el bienestar, la vida y los derechos de los ciudadanos. Y esto, mire usted por donde, solo tiene un nombre: Comunismo, ese que con distintas estrategias y con los mismos argumentos sigue ignorando a los seres humanos, soñando revoluciones pendientes, lo mismo que otros viven del capitalismo canalla o de separatismos de pandereta sin importarles la vida, la salud, la seguridad, el progreso de las personas.

Decir a estas alturas que la crisis solo es sanitaria, no es verdad. Habría que ser más rigurosos para llegar a la conclusión de que la crisis sanitaria está poniendo al descubierto otra crisis más profunda aparte de la nefasta gestión de los políticos canallas, millonarios de la noche a la mañana, que están consiguiendo sus objetivos gracias a la ineptitud y al sectarismo de un individuo incapaz de hacer nada que no sea exaltarse a sí mismo. 

En tiempos decimonónicos, entre los liberales con buena intención (¿?), corría una disculpa popular ante los desastres provocados por los políticos: la calidad de su intención. Han tenido que pasar años, muchos años, para llegar al convencimiento de que los políticos solo pueden y deben ser juzgados por los resultados de sus aciertos. Todo lo demás es, o literatura en el mejor de los casos, o inmoralidades personales que ni las supuestas ideologías consiguen disimular.

El final nunca está claro, pero hoy por hoy, con la crisis sanitaria, la reclusión de todos, la paralización de todas las actividades productivas y el hundimiento económico que acarreará, los que persiguen estatizarlo todo están a punto de conseguir su único objetivo: resucitar el sucio comunismo bolivariano que ha arruinado tantos países al otro lado del Atlántico. A que lo consiguen.

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