Cádiz - Barcelona El club anuncia duras medidas contra los más de 700 abonados que intentan revender sus entradas

Puente de Ureña

Doler para reír

Entonces no me reía, pero no puedo olvidar aquel libro

A principios de marzo se celebra el día mundial de la lectura. Hoy que se lee poco o casi nada, que hay más escritores por metro cuadrado que animales marinos, inicio este artículo evocando mis circunstancias y cómo me inficioné de ella. Enfermo y con reposo, durante seis meses, empecé a oliscar entre los libros de mi casa y descubrí los libros de medicina y las novelas, aquellos culebrones, editados por Blanco y Negro. Fue un contagio directo. El o los libros no se caían de mi cama. Pienso que cada circunstancia genera una opción, sea la que sea, positiva o negativa, y, de seguirla o no, se modifica nuestra vida o nuestras vivencias. Todos sabemos que el Quijote es una obra destinada a provocar la risa, en especial a través de la parodia y la sátira de los libros de caballerías, y está perfectamente de acuerdo con la doctrina (neo) clásica de los géneros, en cuyo marco se clasifica como poema épico en prosa, de índole cómico-burlesco. Leyendo, que no hay otro camino, en una novela-cómic, lo peor es el dolor y la violencia que impera en el libro. Para mover a la risa. Un ejemplo. El bálsamo de Fierabrás, panacea de todos los males, es solicitado por Alonso Quijano al ventero, para paliar un candilazo en la cabeza del caballero andante.

"El ventero le proveyó de cuanto quiso, y Sancho se lo llevó a don Quijote, que estaba con las manos en la cabeza, quejándose del dolor del candilazo, que no le había hecho más mal que levantarle dos chichones algo crecidos, y lo que él pensaba que era sangre no era sino sudor que sudaba con la congoja de la pasada tormenta". Hizo un emplasto con los ingredientes hasta tenerlos a punto y "luego dijo sobre la alcuza más de ochenta paternoster y otras tantas avemarías, salves y credos, y a cada palabra acompañaba una cruz, a modo de bendición"; y se lo bebió y sucediole que "apenas lo acabó de beber, cuando comenzó a vomitar, de manera que no le quedó cosa en el estómago; y con las ansias y agitación del vómito le dio un sudor copiosísimo, por lo cual mandó que le arropasen y le dejasen solo. Hiciéronlo ansí y quedóse dormido más de tres horas, al cabo de las cuales despertó y se sintió aliviadísimo del cuerpo y en tal manera mejor de su quebrantamiento, que se tuvo por sano y verdaderamente creyó que había acertado con el bálsamo de Fierabrás y que con aquel remedio podía acometer desde allí adelante sin temor alguno cualesquiera ruinas".  

"Sancho, bebiolo y así, primero que vomitase le dieron tantas ansias y bascas, con tantos trasudores y desmayos, que él pensó bien y verdaderamente que era llegada su última hora; y viéndose tan afligido y congojado, maldecía el bálsamo y al ladrón que se lo había dado".

Con base en los dolores de la simpar y singular pareja, la novela es una paradoja, contra la risa, de padecimientos. Los pobres padecen heridas, caídas y hemorragias varias tras diversos traumatismos: "con tal furia descargó sobre el vizcaíno, acertándole de lleno sobre la almohada y sobre la cabeza, que […] comenzó a echar sangre por las narices ─epistaxis─ y por la boca ─gingivorragia─ y por los oídos ─otorragia─". Sangran por la boca tras puñetazos o pedradas que provocan el arrancamiento y la pérdida de dientes y muelas, o por la nariz tras agresiones faciales; y, en ocasiones, se producen mutilaciones: "llevándole de camino gran parte de la celada, con la mitad de la oreja". 

Esto es un extracto de mi pensamiento de aquellos días, doncel doliente, cuando descubrí la lectura, y, como no, del Quijote. Un enfermo se cuida de condoler a los que le llegan por los caminos. Me hizo pensar siendo un niño. ¿Tanto infligir lesiones? Era la lectura la que abría con dedos sublimes la puerta de la imaginación. El deseo de saber. Con este escrito perdido, celebro hoy el día mundial de la lectura, para evitar dolores, desengaños, soledades y otras carencias. Entonces no me reía, pero no puedo olvidar aquel libro.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios