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El retrato hecho caricatura del marqués de Villaverde

  • ‘El caballero del Santo Sepulcro’ es el título de la novela gráfica que firman el guionista granadino Álex Romero y el dibujante gaditano Ricardo Olivera, Fritz

  • Ha sido publicada por la editorial madrileña Akal

El dibujante Ricardo Olivera, Fritz, con un ejemplar del libro que firma junto a Álex Romero. El dibujante Ricardo Olivera, Fritz, con un ejemplar del libro que firma junto a Álex Romero.

El dibujante Ricardo Olivera, Fritz, con un ejemplar del libro que firma junto a Álex Romero. / Lourdes de Vicente

El fotógrafo retratado. El considerado autor de la foto más mediática de Franco, la que le mostraba moribundo y mortal unos días antes de fallecer, es ahora retratado en el libro El caballero del Santo Sepulcro, una novela gráfica a dos manos entre el guionista granadino Álex Romero y el dibujante gaditano Ricardo Olivera, Fritz, que se acerca a la figura del controvertido marqués de Villaverde echando mano de la historia, la imaginación y, sobre todo, la caricatura.

La obra, editada por Akal, está en las librerías desde hace varias semanas, e incluso ya ha sido presentada en diversos actos públicos en Cádiz (en la Sala de los Libros de la UCA), Granada y Palos de la Frontera. Se trata de una coincidencia no buscada con la reciente exhumación del dictador. El propio Fritz explica que la primera idea, que surge en la cabeza del guionista, se remonta al año 2011: “De esta fecha son los primeros bocetos, algunos incluidos en el libro, y los primeros contactos con editores”, dice el ilustrador gaditano.El fallecimiento de un editor interesado en el libro y los trabajos en los que estaba entonces embarcado Fritz, como la espléndida colección de cómics Doce del Doce, aparcaron un proyecto que nunca desecharon del todo y que hace dos años volvió a recobrar vida hasta encontrar ahora la publicación de manos de la editorial madrileña Akal.

El caballero del Santo Sepulcro comienza, precisamente, con las viñetas en las que Cristóbal Martínez-Bordiú, marqués de Villaverde, hace la famosa foto en la que su suegro, el dictador Franco, agoniza en medio de una laberíntica conexión de cables y tubos. Es el arranque de una novela gráfica que se centra, señala Fritz, en hacer un retrato del marqués: “El personaje que retratamos nosotros es un arribista, un tío que quiere prosperar. Realmente, la familia Franco le escogió a él para que diese un heredero varón al dictador, pero luego él quería por sí mismo llegar a otras cosas. Por eso está la historia de querer hacer el primer trasplante de corazón en España... El cómic gira en torno a este personaje. Franco, Carmen Polo y Carmen Franco aparecen como personajes satélites a su alrededor”.

Aunque sea de la mano de la caricatura, es evidente que esta obra retrata la vida real de un hombre polémico rodeado de más sombras que luces, por lo que tanto el guionista como el dibujante han buceado en la historia más cercana para documentar un relato que, pese a ello, parte de muchos momentos reales incluso para alcanzar un punto de invención que, posiblemente, sea necesario en este tipo de obras, como argumenta Fritz: “La historia está basada en hechos reales, pero hay ficción. Es inevitable. Tanto por parte del guionista como por mi parte. Me he documentado muchísimo gráficamente, he buscado fotos y tal, pero luego hay cosas a las que he echado un poco de imaginación porque creo que también hay situaciones que nosotros imaginamos, como el encuentro de este hombre con su futura suegra, que suponemos que sucedieron, pero que no lo sabemos con exactitud”.

Ese punto de imaginación, por ejemplo, se encuentra en las viñetas que cuentan la llegada del marqués de Villaverde al Palacio del Pardo para encontrarse con suegros, una pedida de mano en la que él mismo reconoció, más tarde, que se había sentido como un caballero rescatando a su dama: “Entonces –señala Fritz– propuse a Álex dibujarlo como un caballero que llega al palacio con armadura y a lomos de su caballo, él lo vio bien y me apuntó que podríamos poner unos duendecillos...”.

Como demuestra esta escena, la colaboración entre Álex Romero y Ricardo Olivera, que ya habían protagonizado juntos otras obras, ha sido un trabajo de ida y vuelta en el que ambos han sumado desde la libertad y por el bien del resultado final de la obra: “Él hizo un guión, que me lo fue dando sobre la marcha, de cinco en cinco páginas, y cuando las tenía abocetadas, me mandaba las siguientes. El guión escrito y un boceto rápido de la página, un esquema; me lo daba todo muy mascado, con planos y encuadres, pero siempre dándome libertad para que lo cambiara. He cambiado pocas cosas porque me parecía que era muy acertado. He hecho mis aportaciones, pero siempre que cambio algo de un guión que me dan, siempre, se lo consulto al guionista”.

Del proyecto inicial no ha tenido variación la portada, que en principio fue provisional y que un editor que alguna vez mostró interés en el proyecto sugirió cambiarla. En Akal, sin embargo, se limitaron a confirmar como oficial aquella primera provisionalidad. En ella, aparece Franco sentado en un trono, con la incorrupta reliquia de Santa Teresa en una de sus manos y en la otra, posada sobre su muñeca, la gigantesca águila de la bandera franquista; junto a él, el marqués de Villaverde vestido de cirujano. Ambos pisan un suelo cubierto de huesos y calaveras, toda una alegoría de una época respecto a la que Fritz aboga por acercarse para no olvidar que, como dice Antonio Altarriba, “somos consecuencia de lo que han vivido nuestros mayores”.

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