Recomendaciones de literatura infantil: libros que viajan en el tiempo y el espacio
Sugerencias de temporada, pero a prueba de generaciones (y de la voracidad editorial)
Libros, niños y Navidad: ocho títulos lejos de clichés y sacarina
Nunca olvidaremos los libros que nos hicieron viajar cuando éramos niños. Pero aún menos olvidaremos aquellos que tenían la cualidad fetiche de ser tesoros en sí mismos, como objeto. La literatura infantil se presta hoy día especialmente a esto, con un ajuste calidad-precio que hubiera sido imposible, por ejemplo, en el siglo pasado –que ya empieza a quedar bastante lejos–.
Las recomendaciones de estas páginas se centran en títulos de temporada: son fácilmente localizables en librerías. Pero todas ellas tienen, sin embargo, una naturaleza que no puede ser más contraria al carácter fungible de la industria editorial. Hay títulos –como ocurre en La belleza de las estaciones– que parecen pensados para compartir o para divagar en clase; otros, como El jardín de las medusas, tienen carácter de (hermoso) título didáctico o de consulta, aunque sea en el ámbito de Primaria. Hay referentes hechos novela gráfica (Caperucita en Manhattan); relatos actuales con vocación de cuento tradicional (Los duendecillos); y cuentos concebidos como cómic (Una ranita en invierno). Hay, también, reediciones a las que hasta Marie Kondo daría el visto bueno en tu estantería (Los gnomos); y el pasmo del momento, con vocación de convertirse en historia atemporal (Inseparables).
Títulos, en fin, que le dan la vuelta al prejuicio que arrastra la literatura para niños: el de coleccionar historias simplonas, que hunden al lector en el aburrimiento y al cerebro, en el encefalograma plano. Muy al contrario, los libros infantiles tienen la cualidad de inspirar más allá de lo que desde el mundo adulto podemos imaginar –sólo que, como nos ocurre también a nosotros, cada niño tiene su propia línea de flotación–.
Estas recomendaciones albergan una naturaleza lo suficientemente jugosa como para ser perennes (llegaste por los dibujos, te quedaste por lo que cuentan). Máxime, cuando resultan una gran inversión, también, para todo amante de los libros: la mayor parte de las ediciones actuales sí que son destino de pulpa de papel. Las ediciones esmeradas, orientadas a público infantil, sin embargo, son de las pocas que se revalorizan día a día.
'INSEPARABLES', Francesca Leoneschi y Iacopo Bruno
Sin armar mucho ruido, como ocurre tantas veces, esta temporada ha hecho su aparición (de la mano de Edelvives) uno de esos ejemplares ilustrados con vocación de clásico. Francesca Leoneschi y Iacopo Bruno se dedican al mundo del diseño (algunos de sus trabajos, incluyendo ediciones fabulosas, se pueden ver en The World of Dot), e ''Inseparables' es un título de creación propia en el que no sólo apabullan con su concepto visual, sino que se las arreglan para trazar un relato rodeado de tiniebla, pero lleno de ternura, delicadeza y esperanza. La historia, nos cuentan, surgió en un barco, y sabemos que nos va a hablar de las profundidades antes incluso de tomar palabra (esas páginas de cortesía en las que se dibuja el esqueleto de una esponja, los márgenes rodeados por un misterioso alfabeto).
Toda la imaginería del álbum va a girar en torno a referencias a láminas de especímenes marinos y saludos al capitán Nemo. Allí, en el azul más oscuro, vamos a ser testigos de la unión de dos almas perdidas. Por un lado, un pequeño pulpo (Ichi) que se sumerge en el Gran Abismo, convencido de que podrá traer a su padre de vuelta a la vida; por otro lado, está Lucy: una niña que flota entre las corrientes, su cuerpo mecido por el mar de la misma forma en que, increíblemente, lo hace su consciencia, conservada en esa especie de limbo. Ninguno de ellos debería haberse conocido en esa nada abisal, pero es allí donde se encuentran, descubriéndose especulares.
Ambos realizarán un viaje de reconocimiento en un mundo en el que la muerte es un ser oscuro, de refulgentes pinzas rojas, y en el que los recuerdos flotan atados con lazos entre los restos de un naufragio. ‘Inseparables’, el nombre del libro, es también la palabra que inspira a sus protagonistas, tallada sobre un coral blanco. Una Ofelia imposible, un pequeño cefalópodo con ojos de anime y una atmósfera que Verne hubiera envidiado bastan para envolvernos, a nosotros también, con una fuerza centrípeta, en un hermoso cuento sobre qué nos lleva a romper las barreras de lo predecible. Los editores recomiendan su lectura para niños de diez a doce años. Desde aquí recomendamos que no lo dejen escapar, tengan la edad que tengan, porque es una joya con la que hacerse.
'LOS GNOMOS', Will Hyugen y Rien Poortvliet
Recuperado ahora por Maeva, pudo muy bien ser el título estrella de la literatura infantil en los años 80. Los autores merecen eterna ovación por tomarse pormenorizadamente en serio la tarea de recopilar todos los elementos de una realidad fantástica y desplegarlos ante nosotros. Así, el libro se presenta como un detallado tratado de costumbres ajenas, aunando relación con el medio, naturaleza, biología, costumbres, cocina, medicina, artesanía... Ignoro si existirá otra propuesta con vocación de compendio de lo imposible que tenga semejante capacidad inmersiva. A todo ello contribuyen, sin duda, la calidez y el detalle de las ilustraciones, realizadas con técnica de acuarela y trabajadas con una precisión abrumadora. Una reedición que viene a llenar un hueco que se hacía notar de forma sangrante en las estanterías –Los gnomos es también y por supuesto el título inspirador de una famosa serie de dibujos que traumatizó a toda una generación de cuarentones/cincuentones-. A partir de ocho años.
'LOS DUENDECILLOS', Camille Romanetto
Un título, publicado el pasado otoño por Errata Naturae, que reúne el espíritu de los cuentos clásicos y la plasticidad de las ilustraciones de la primera mitad del siglo XX. Los duendecillos llega arropado por la buena acogida que tuvo su publicación en el país francés. El estilo –esos dibujos que te dan ganas de comer tostadas con mermelada- llama no sólo a la ternura de la infancia, sino que juega con dos de sus constantes: el sentido de la aventura en cada pequeño detalle, y el placer de los refugios (pequeños o grandes, siempre con su punto de secreto). La premisa es simple, pero Romanetto la hace efectiva: una niña que está de visita en casa de sus abuelos sigue a un duende que se cuela en su cuarto y empieza a trastear en sus cosas. Juntos irán en busca de un amuleto perdido que no es más que la capacidad de convocar la ilusión. Incluye la dirección de la autora, a la que se puede escribir cartas en papel (¡qué cosas!) a su casa de Bretaña. A partir de cinco años.
'EL JARDÍN DE LAS MEDUSAS', Paola Vitale
A medio camino entre el libro objeto y el título de referencia, 'El jardín de las medusas' (Nórdica) no es un libro de ficción, sino un acercamiento a la realidad de uno de nuestros extraterrestres favoritos (junto con los cefalópodos, que dominarán la tierra). Paola Vitale nos las presenta en una propuesta que se inspira en los primeros estudios gráficos de los seres marinos, con estampados a medio camino entre los cianotipos –con su azul característico, en compañía del rosa neón que también asociamos a las gelatinas marinas– y el trazado de los fuegos artificiales de Kiyoshi Yamashita. Con naturaleza de fondo de armario de coleccionista, la propuesta se dirige a los críos curiosos del mundo natural. Así, aprendemos que la estructura extraña de las medusas, tan ajena, nos dice que les ha ido muy bien, tal y como y como son, a lo largo de quinientos millones de años. Áliens para nosotros, nos explican que pueden resultar, a la vez, invisibles y letales y –sobre todo– que guardan el secreto de la regeneración. A partir de nueve años.
'CAPERUCITA EN MANHATTAN', Carmen Martín Gaite, H. Bonastre, C. González Villar
Dentro de las iniciativas que recuerdan el centenario del nacimiento de Carmen Martín Gaite (y los 25 años de su muerte), Siruela publica una versión ilustrada de una de sus obras más emblemáticas. La 'Caperucita en Manhattan' que nos presentan Helena Bonastre y Catalina González resume la esencia del texto de Martín Gaite, repartida ella misma en la figura de las tres protagonistas de la historia: la niña Sara Allen, absorbida tanto por el poder de las historias y de las palabras como por la figura de su extravagante abuela, antigua cantante de music hall. Será precisamente un novio de su abuela (dueño de una librería rodeada de un aura mágica, pero que la niña Sara nunca llegará a visitar) el que le regale tres libros (Robinson, Alicia y Caperucita) que marcarán un camino fuera de lo convencional que terminará de subrayar la aparición de Miss Lunatic (el apodo de la propia autora): una bag lady que lee el porvenir y reparte ungüentos (para la soledad, para la valentía, para el sueño), y que personifica el espíritu de la Estatua de la Libertad. A partir de diez años.
'UNA RANITA EN OTOÑO', Linnea Sterte
La ilustradora Linnea Sterte ya fue candidata al Premio Eisner hace unos años con un In Hummus, y lo volvió a ser en 2023 (por el Mejor Diseño de Publicación) por esta 'Una ranita en otoño', publicada ahora por Errata Naturae. La historia nos cuenta el anhelo de ventura de una ranita que, nacida en la primavera anterior, se niega a sucumbir al invierno y se siente inspirada por algo llamado “las islas tropicales”. La aparición de dos sapos vagabundos –“Vagabundear no es un oficio, es una forma de vida”– la animará a unirse a ellos en la búsqueda del sur. Quimonos, parasoles, fideos instantáneos, farolillos y futones... El mundo natural se transforma en modelo del mundo flotante de la mano de Sterte, que no puede recoger mejor el estilo de las estampas japonesas. Si algo es este libro, además, es generoso: dibujado a tinta –en concreto, con una Montblanc- tiene una estructura de viñetas que se resuelve a ilustración por página; y su lomo va forrado en tela con un estampado vegetal similar al de los tejidos nipones tradicionales. A partir de siete años.
'LA BELLEZA DE LAS ESTACIONES', Sébastien Perez, Justine Brax
Esta propuesta entra dentro esa categoría de los libros que no lo son o, más bien, que no lo son en el sentido clásico de la palabra. Títulos pensados –sobre todo en el sector infantil– para hacer de gancho hacia la lectura convencional. 'La belleza de las estaciones' (Edelvives) te hace viajar a través de evocaciones –algo que también hacen, en definitiva, los títulos tradicionales de negro sobre blanco–. Se desarrolla más bien sobre el concepto de álbum, con páginas estampadas en las que ir colocando sus pegatinas reutilizables, en un formato pensado para que pueda ser compartido con facilidad. En su invitación a descubrir la esencia de cada estación, cada capítulo se abre con un breve poema en tono de haiku. Las estaciones, además, no son sólo cuatro, sino que hacen referencia a los modos de la naturaleza en el mundo, viajando por escenarios que van de las auroras boreales a las estrellas fugaces; de las sakuras a los desiertos floridos. Tienes que estar muerto –podría ser la conclusión– para no pasmarte ante la maravilla del planeta. Una lección que nunca está de más recordar, y que es esencial aprender.