Crítica de Música

El pulso de Cristo en una corchea

El intérprete Yago Mahúgo, durante su actuación en la Santa Cueva. El intérprete Yago Mahúgo, durante su actuación en la Santa Cueva.

El intérprete Yago Mahúgo, durante su actuación en la Santa Cueva. / almudena torres

Un concierto excepcional y exclusivo, en muchos sentidos, fue el que nos trajo el Festival de Música Española de Cádiz, ayer sábado, a mediodía. Fue en la Santa Cueva, en la calle Rosario: Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz, de J.F. Haydn. Exclusivo, porque se interpretó en el sitio exacto para el que se encargó la partitura. Y también porque la versión de ayer, muy pocos la habrán escuchado con anterioridad, por la sencilla razón de que se trata de una reducción para piano de la obra de Haydn, que ha permanecido guardada en el archivo de la Catedral de Salamanca, desde que se transcribiera a finales del siglo XVIII o principios del siglo XIX.

Esta reducción, sin embargo, no lo es de la partitura orquestal de la obra, que es la primera versión que Haydn compuso, sino que más bien es una reducción de la del cuarteto para cuerda, versión posterior de Haydn, y que suele ser la que más se interpreta (aún recuerdo la magistral interpretación, también en la Santa Cueva, que hizo el Cuarteto Casals en febrero de 2012).

Este excepcional concierto ha sido uno de los platos fuertes de la programación

Esta reducción, quizá se hiciera por necesidad, al no poder disponer en aquellas fechas en la Catedral de Salamanca, de la partitura de piano que el propio Haydn autorizara reproducir, en su día, en Alemania.

Pero no son las únicas anécdotas las que se entrecruzan al hablar de la obra de Haydn. Su mismo encargo es digno de mencionarse, ya que el cura José Sáenz de Santamaría, nacido en Méjico, pero residente en Cádiz, y de formación jesuítica, fue quien se las ingenió para llegar a través de amigos a Haydn y hacerle el encargo de la obra original, para poderla interpretar en la iglesia de la que él mismo había financiado su acondicionamiento: La Santa Cueva.

Un rito católico, practicado por los jesuitas, de Ida y vuelta inspiró al cura Sáenz: El Ejercicio de las Tres Horas. El rito lo exportaron los jesuitas al nuevo Mundo, y se practicó en las misiones jesuíticas del Virreinato del Perú, mientras la Compañía permaneció disuelta por orden del Papa Clemente XIV en 1773. De estas misiones se extendió a toda Sudamérica. Y, "de ida y vuelta" retorna a Cádiz para inspirar la partitura de Haydn.

La partitura original de Haydn, como casi todo lo artístico que se hacía en el siglo XVIII, está cargada de simbolismos. El pulso de una corchea, constante en casi toda la obra, nos simboliza el pulso vital de Cristo en la Cruz, y el modo tonal en que está escrita la última parte, Mi bemol Mayor, simboliza la Trinidad, y también la Heroicidad (Beethoven utiliza también este modo).

La partitura fue sacada a la luz, en Salamanca, por el matemático y musicólogo salmantino, Bernardo García-Bernalt.

La interpretación en la Santa Cueva, corrió a cargo del clavecinista y fortepianista madrileño Yago Mahúgo, que decidió interpretar la partitura con el instrumento original más parecido a los de la época en que se compuso la obra por Haydn: El fortepiano. Es el antecesor inmediato del piano actual (o pianoforte) y la técnica que utiliza es la percusión de cuerdas mediante un teclado. Su sonido no es tan contundente como el del piano actual ni tan "perfecto", pero les puedo asegurar que ayer sábado sonó delicioso en La Santa Cueva, y nos transportó realmente al siglo XVIII.

Yago Mahúgo, además de excelente músico, es doctor en Arte y profesor de conservatorio. La versión que nos ofreció, me sorprendió agradablemente por su dulzura y por la especial técnica que utilizó para interpretarla. Sonó extraordinariamente bien, pese a la reverberancia que tiene el Oratorio de la Santa Cueva, que le hizo, sin duda, tener que poner especial atención a la intensidad en la expresión. En mi opinión ha sido todo un acierto traer a Mahúgo y su fortepiano para este concierto, que sin duda ha sido muy especial, muy íntimo y muy apropiado para el recogimiento espiritual, que es para lo que fue creado. Bravo.

Ya intuía, antes de su celebración, que el concierto del sábado iba a ser uno de los platos fuertes del Festival de Música Española de Cádiz, y verdaderamente ha estado a la altura de un Festival de Música, que a mi modo de ver es el lugar idóneo para sacar del joyero alhajas tan exclusivas como ésta.

(Felicitar a la Producción del Festival, por la pronta reacción que tuvieron, consiguiendo que se autorizara, sobre la marcha, un segundo pase del mismo, habida cuenta la cantidad de gente que se quedó en la calle sin poder asistir al que estaba convocado para las 12, por las limitaciones de espacio que tiene la Santa Cueva).

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