Literatura

La paciencia premiada

  • El escritor gaditano Pedro Gómez publica con Caligrama ‘El manuscrito perdido’, que fue novela finalista del Premio Azorín 2015

El escritor gaditano Pedro Gómez. El escritor gaditano Pedro Gómez.

El escritor gaditano Pedro Gómez.

La paciencia y la insistencia suelen tener premio. También en el complicado panorama literario se encuentra recompensa, sobre todo si detrás del esfuerzo que se esconde tras una novela, se produce el positivo señalamiento de entrar en el catálogo de finalistas de un premio destacable. Algo así es lo que le ha ocurrido al gaditano Pedro Gómez, escritor vocacional que en el año 2015 logró ser finalista del Premio Azorín de Novela con El manuscrito perdido, en una edición que ganó el tinerfeño Fernando Delgado. Ahora, cinco años después, la novela está ya en las librerías gracias a la apuesta de la editorial sevillana Caligrama.

El manuscrito perdido surge en la imaginación de Pedro Gómez (Cádiz, 1984) durante su etapa de universitario en Derecho: “Estudiando Historia del Derecho, vi una sentencia rara, empecé a leer y vi que había una historia. Y se quedó ahí, y cuando me decidí, me lancé a escribirla. Así que el germen de la novela es una historia verdadera, pero después hay ficción histórica”.

Lector confeso de novela negra, Pedro Gómez define la obra que hace cinco años le valió entrar en el selecto elenco de finalistas del Azorín: “La novela tiene una estructura clásica de búsqueda. Tienen que buscar un manuscrito, hay un asesinato y por ahí va lo que es la trama. El personaje principal es el sospechoso, tiene que escaparse. He tratado de jugar con los ritmos, que no sea una novela lineal, sino que tenga sus picos, sus paradas, que es importante, al menos cuando yo leo. Pero que no me lleven asfixiado ni nervioso... Siempre he sido lector de novela negra, y es verdad que tiene toques de ese lector de novela negra, pero intento también hablar un poquito de lo que es la sociedad, de la interpretación que yo hago de mi entorno. Al final, las experiencias son las que le dan la voz al escritor. He intentado que se vea el ego, la competitividad, el individualismo, que se refleje en los personajes”.

Pedro Gómez se confiesa lector desde siempre. Pero también escritor desde hace mucho tiempo. Sin pretensión alguna, Gómez señala que sus textos eran para sí mismo, para un cierto consumo interno y para responder de alguna manera a las ansias, generalmente lejanas, de poder ser escritor. Y fue un amigo quien un día le animó a escribir una novela, un labor hasta entonces lejana que el gaditano afrontó con autoformación a través de internet y de algún que otro libro.

Así surgió El manuscrito perdido, con la idea que le rondaba por la cabeza desde sus tiempos de universitario, una historia que envió a una agencia de literatura, que realizó algunas correcciones, y que enseñó a un amigo periodista, quien también sugirió alguna modificación. Finalmente, Pedro Gómez hizo “una lectura crítica” y acabó de perfilar la novela con las sugerencias aportadas.

La conclusión del trabajo coincidió con el plazo del Premio Azorín de Novela, certamen con el sello de Planeta, y allá que envió su original sin pensar en ningún momento que lograría entrar en el listado de obras finalistas, lo que supo en el momento en que leyó en prensa el seudónimo con el que había concurrido: Adolfo Mena.

Aquel trabajo, aquella insistencia, y una buena dosis de paciencia ha encontrado ahora otro premio en forma de libro editado. Si todo va bien, Pedro Gómez se apresta a repetir jugada con otra historia que ha ido escribiendo “a parchetones” y que ahora, gracias al confinamiento, ha podido darle forma y estructura.

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