La inercia de la rubia y el amor propio del fino
La masiva introducción de la cerveza resta protagonismo natural a finos y olorosos
La veleidosa tábula rasa de las modas gastronómicas alcanza también, como no podría ser de otra manera, a los vinos. La progresiva popularidad de la cerveza como bebida recurrente y la fiebre de las catas de tintos y blancos parecen haber relegado a los finos y olorosos a un segundo lugar. "Cuando, en realidad -apunta el sumiller Miguel Medina-, el del fino es un mercado muy interesante, ya que se trata de un producto altamente complejo, de cuidada elaboración". Para Medina, el mayor desconocimiento en el mundo de los finos y olorosos se debe a la "inercia" que supone la introducción masiva de la cerveza y, "tal vez, por cierto temor a no distinguir, a no entender qué es lo que estamos pidiendo o qué estamos probando". Miguel Medina subraya la necesidad de una cultura vitivinícola: "Para entender un vino es esencial visitar la la bodega en la zona, in situ, catando allí, viendo la complejidad de su elaboración".
La XV edición del Túnel del Vino/MARN, dentro del Salón Internacional, permitía al visitante conocer -atendido por especialistas- las monovarietales más significativas del sector enológico en España, comprobando el efecto que la climatología, suelos y métodos de elaboración en cada región determinan la obtención de vinos diferentes a partir de una misma variedad de uva.
Para realizar una cata con vinos del marco de Jerez, se establece -como en todas- una graduación de menor a mayor intensidad. Miguel Medina aconseja empezar por una botella de manzanilla en rama, de la Saca de Verano de Bodegas Barbadillo; seguida por un fino de Emilio Hidalgo (La Panesa), "elegante, estable y complejo, de proceso clásico", un Alfonso (oloroso de las bodegas de González-Byass) y rematar con un excelente palo cortado, Antique, de Fernando de Castilla.
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