Cultura

"Las historias sirven para tratar de entender la vida, que es un misterio"

  • El literato leonés inaugura la vigésimo sexta edición de la fiesta de las letras gaditanas con una proclama titulada 'Escribir en el siglo XXI', una conferencia sobre lo que para el autor significa la literatura

Nacer en un pueblo que ha desaparecido tiene un componente muy literario, casi mágico. Julio Llamazares, el pregonero de la XXVI Feria del Libro de Cádiz, vio la luz un 28 de marzo de 1955 en Vegamián, una localidad situada en la provincia de León que, poco después del nacimiento del literato, fue tragada por las aguas del embalse del Porma. Aunque no me atreví a preguntarlo (quizás porque es más hermoso imaginar que sí) parece que tanto este enclave como el pueblo de Olleros de Sabero, en la cuenca carbonífera de Sabero, donde la familia se mudó tras la destrucción de la localidad de origen, han marcado para siempre su obra. (O eso dicen los que saben de esto, de literatura).

Una obra diversa, reconocida y con entidad en la que se aprecian diferentes géneros. La poesía, la novela y el ensayo han sido cultivados por el autor con dedicación y éxito. Licenciado en Derecho, abandonó la profesión para ejercer el noble arte de escribir, tanto en su vertiente periodística como en la literaria (ya entonces afincado en Madrid, donde actualmente reside).

A Julio Llamazares no le gusta la palabra pregonero. Prefiere pensar que viene a hablar de literatura. Acaso, el epicentro que nos reunirá en el Baluarte de la Candelaria durante diez días.

-¿Qué debería ser la lectura: una obligación, una diversión o una necesidad?

-Una necesidad, obviamente. Lo de la diversión es secundario como poco. Y como obligación es contraproducente.

-¿Cuál es el mejor deseo que puede expresar un pregonero en una feria del libro?

-Lo de pregonero me suena fatal; me recuerda a Pepe Isbert con una corneta anunciando un bando municipal... Yo no voy a pregonar nada, ni siquiera a animar a la gente a que lea. A la gente hay que dejarla en paz; si quiere leer que lea y, si no, que no lea, allá cada cuál. Yo voy a hablar de lo que significa para mí la literatura, nada más.

-La Feria gaditana está dedicada este año al argentino Jorge Luis Borges. No sé si es un autor de su gusto o no...

-No especialmente, pero sí. De hecho, mi último libro, Tanta pasión para nada, lleva una cita suya, de El libro de arena: "Somos figuras de una fábula".

-También la muerte de otro argentino, Ernesto Sábato, marca de alguna manera las ferias que se están celebrando ahora, ¿le aportó algo la obra de este autor?

-Todos los escritores aportan, no sólo a otros escritores, sino al mundo en general. A Sábato, además, tuve la suerte de conocerlo en persona. Lo entrevisté en el año 1985 en el puerto de la Boca, en Buenos Aires. Iba con guardaespaldas, acababa de publicar su famoso Informe sobre los crímenes de la dictadura militar argentina.

-Su proclama para esta feria se titula 'Escribir en el siglo XXI', ¿cuáles son las claves del oficio de escribir en nuestro tiempo?

-Las mismas de cualquier tiempo. El título es más provocador que otra cosa. Las nuevas tecnologías no cambian literariamente nada.

-Hay voces que ya están poniendo los clavos al ataúd del papel, ¿se une usted a ellas o cree en la supervivencia del libro tal y como lo conocemos hasta ahora?

-El libro desaparecerá sin duda. Pero no hay que alarmarse por ello; total, sólo tiene cinco siglos. Antes del libro desaparecieron los códices de piel de ternero, los papiros, las tablillas de barro mesopotámicas... Y no sucedió nada decisivo. La literatura siguió siendo lo mismo que era.

-¿Recuerda el primer libro que leyó, mejor dicho, que tiene usted conciencia de haber leído?

-Creo que Campos de Castilla, de Machado. Mi padre, que era maestro, nos lo leía en la escuela. Sé aún poemas de ese libro de memoria.

-Y ahora, dígame un autor que lo marcara y por qué.

-Me han marcado muchos; no te podría decir uno solo.

-¿Qué libro tiene ahora en su mesa de noche?

-Tengo dos: El mundo detrás de Dukla, de Andrzej Stasiuk, un escritor polaco maravilloso (el autor de los Cuentos de Galitza), y una novela todavía inédita de un joven paisano mío, Pablo Andrés Escapa, que escribe también muy bien. Esta me la ha enviado su autor para que le dé mi opinión sobre ella.

-En un tiempo donde el hombre está al servicio de la tecnología, y no al revés, ¿de qué sirven las historias, contar historias?

-Para lo mismo que ya servían en tiempos de Homero: para entretener las noches, para ahuyentar los fantasmas, para soportar el frío, para combatir el miedo y, sobre todo, para tratar de entender la vida, que es un misterio.

-¿Sigue habiendo hueco para la poesía en su vida y en su producción? ¿Se siente más poeta que novelista?

-No distingo. Para mí hay escritores, no poetas o novelistas. Y tengo razones para afirmarlo: cuando escribía poesía como género, me decían que hacía poesía narrativa; cuando comencé a publicar novelas, me dijeron que hacía novelas poéticas...

-¿Debe ser la literatura comprometida? ¿Con quién? ¿Con qué?

-Con la sociedad. Pero no políticamente. El compromiso de la literatura es de otra naturaleza. A pesar de que en algunos tiempos, debido a las circunstancias, algún autor confundió los términos.

-¿Qué busca usted como lector en un libro?

-Que me haga sentir más de lo que ya siento y me ayude a saber más de lo que sé.

-Por último, y como pregunta casi obligada, ¿conoce usted Cádiz? Si es así, ¿qué opinión le merece?

-Conozco Cádiz, claro que la conozco; no mucho, pero la conozco. ¿Mi opinión sobre la ciudad?... Creo que es una invención de Fernando Quiñones.

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