Mauricio Linari | Director de orquesta “Este concierto es casi como un menú degustación ”

  • Festival de Música de Cádiz: la Orquesta de Córdoba acompaña hoy en el Falla a tres jóvenes solistas: el violinista Jesús Reina, la soprano Diana Larios y la pianista Carla Román

El director de orquesta argentino Mauricio Linari. El director de orquesta argentino Mauricio Linari.

El director de orquesta argentino Mauricio Linari.

¡Ha nacido una estrella! es el título del concierto que el Festival de Música de Cádiz ha programado hoy en el Falla, a partir de las cuatro de la tarde, en el que la Orquesta de Córdoba, bajo la dirección de Mauricio Linari, acompañará en el escenario a tres jóvenes solistas andaluces: el violinista Jesús Reina, la soprano Diana Larios y la pianista gaditana Carla Román.

–Dirigirá hoy en el Falla un concierto especial, poco usual, que combina experiencia y juventud.

–La verdad es que sí. El programa parece muy heterodoxo, hay obras de compositores muy distantes o muy diferentes. Es más una gala que un concierto porque tenemos tres solistas que participan. Y, sin duda alguna, el nexo que une a todo esto es la posibilidad de ver el potencial, el talento de la juventud, con las ganas y la fuerza que vienen, y que cada uno va a defender un repertorio muy muy complicado, porque tanto Jesús Reina con los Aires gitanos de Sarasate, que es una pieza complicadísima técnica y musicalmente para el violín; como Diana Larios, con las tres piezas que va a tener la posibilidad de ofrecerle al público, tanto la canción andaluza como dos arias de ópera tan grande como Sempre libera de Verdi y el Vissi d’arte de Puccini, pues va ser otra posibilidad de escuchar esa voz tan increíble que tiene con este repertorio; y ya la guinda del pastel es la maravilla de poder contemplar, escuchar, disfrutar, ponle el verbo que quieras, a Carla Román. Ha sido una experiencia maravillosa haber podido trabajar con ella esta semana, ya nos habíamos encontrado por videoconferencia. Tocará una música, de Chopin, que necesita de una madurez, de una experiencia, de un talento, que es el que tiene Carla con sus doce añitos, y que toca como si fuera una persona que lleva muchos más años por los escenarios, y tiene una seguridad y una tranquilidad. Es una maravilla. La orquesta, en ese sentido, se va a amoldar, a acompañar a estos grandes solistas, que es nuestra función.

Y sí, es un concierto que tenemos que entenderlo casi como un menú degustación, con lo mejor de cada plato, y creo que la gente lo va a poder disfrutar. Todo eso sumado con la obertura que hacemos de Beethoven, que solamente hará la orquesta. Que estamos en su 250 aniversario y, pobrecito, ha sido un año complicado para cumplirlo. Hacemos la obertura Las criaturas de Prometeo, que es el único ballet que escribe Beethoven y la obertura es una pieza de concierto que se toca mucho.

–Ya en la presentación del festival, el director Manuel Ferrand advirtió de la dificultad de la pieza que iba a interpretar Carla Román. Parece alto el listón que se ponen a sí mismos estos artistas tan jóvenes.

–Obviamente, Chopin es un compositor de piano, y es muy idiomática la escritura del piano para solista. En ese sentido, es un concierto incómodo, de una exigencia técnica brutal porque el propio Chopin, al ser un compositor al piano, sabía todas las posibilidades que daba el instrumento y no se priva de ninguna, la verdad, en este concierto. Hay que pensar que Chopin lo utilizó para presentarse él mismo como intérprete en su época. Este concierto lo estrenó él con 19 años; lo escribe, lo compone y lo toca por primera vez con 19 años... De Carla llama la atención el aplomo, la seguridad, la templanza de enfrentarse con un concierto que, en principio, se supone que necesita de esa madurez, de una trayectoria mucho más larga. Y lo suple con el talento. Son chicos que sus retos son esos. Ella ama este concierto, me confesó que ama a Chopin, que es su compositor ídolo y tuvo la posibilidad de prepararlo con un gran intérprete, Krystian Zimerman, que tiene varias grabaciones de la obra. Ella está muy enfrascada, está muy embebida de todo el espíritu de la obra. El otro día, para prepararlo, hablábamos de la vida de Chopin, conoce el estilo, dónde vivía, su biografía, se ha metido de lleno.

–Qué bien que se preparen un concierto más allá de la propia partitura y de la interpretación, que investiguen en el autor.

–Justo ahora hemos estado ensayando y le estaba comentando esto a la orquesta que necesitamos conocer más, porque tenemos varios compositores en este concierto y no es lo mismo acompañar al aria de Diana que a Carla al piano o la bravura de Sarasate para el violín. Para nosotros es muy importante conocer el estilo, la biografía del compositor, el contexto en el que estas obras fueron creadas; y no por hacer teoría, o ser eruditos o hacer un trabajo musicológico, sino porque todo eso nos suena, nos afecta.

–Leo que usted empezó a tocar el piano, en Argentina, a los cinco años.

–En la música, como pasa en el deporte o en la danza, hay que empezar prontito porque la carrera es muy larga, hay mucha música que abordar y necesitaríamos diez vidas, qué digo diez, me he quedado corto, ¡cien vidas!, para poder tocar todo el repertorio que nos han brindado los grandes compositores. Y sí, yo también tuve la suerte de tener una familia sensible a esto, que me invitó desde chiquitito a la música, porque no fue una decisión personal, y eso fue lo que hizo que, primero en Argentina y después en España, siguiera formándome e indagando en este mundo.

–¿Y se ve reflejado en este concierto?

–Sin duda alguna. Carla toca como toca no porque esté sentada en un sillón viendo la tele, sino porque hay que echarle muchas horas y con esas edades hay que estar ya muy centrados. El nivel de exigencia que estamos teniendo, a veces excesivo, te obliga desde muy pequeñito a intentar destacar, que te conozcan. En Carla esto no es una obligación, no es algo forzado, es su juego. Y si la vida te ofrece eso, es una pena que lo desperdicies. Y es verdad que hay que ser equilibrado porque la vida no es sólo piano. Dicho de otra manera: para ser un buen músico no puedes estar solo en tu torre de marfil, hay que vivir la vida, hay que saber de otras cosas porque todo eso te nutre, influye en tu forma de tocar, en tu forma de interpretar, en tu forma de entender la propia música. Con un equilibrio sano entre una cosa y otra, hay que aprovechar la suerte que te brinda la vida de tener ese talento y sacarle provecho.

–Lleva usted ya muchos años en Andalucía. ¿Cómo ve la evolución de la música clásica en la comunidad, una tierra que por tradición no ha sido dada a esta disciplina artística?

–La verdad es que el panorama es muy alentador. Porque si echamos la vista atrás, obviamente era mucho más difícil hacer carrera aquí, tenías seguro que salir fuera, volvías y muchas veces no encontrabas dónde aplicar lo aprendido. Esto se ha solucionado con las diferentes políticas y ahora gozamos de cuatro orquestas, de una red de conservatorios, de escuelas de música, de festivales como el vuestro de Cádiz, como el de Granada, como el de Úbeda. Se ha hecho la labor de ofrecer la música clásica como una oferta más, esto no viene para pelear con otros géneros u otras músicas, sino para ofertar más y que el público pueda tener acercamiento a un repertorio que es muy válido, que despierta sensibilidades y que en tiempos de pandemia, como ahora, sana un poco. Hay que reivindicar un poco esa utilidad que tienen estas actividades que a veces se ven como accesorias.

–No sé si va más allá de la anécdota o no: un concierto a las cuatro de la tarde.

–(Ríe). Son situaciones nuevas y con Carla lo hablaba el otro día: “Mira, estamos como Nadal o como los futbolistas, que tienen que contemplar el jet lag y adecuarse a jugar a las doce de la noche...”. Medio en serio, medio en broma, hablábamos que hay que comer antes, hacer un brunch cortito, porque tenemos la prueba acústica a las dos y media y el concierto es a las cuatro. La situación, obviamente manda, y sí, lo hemos hablado y lo hemos contemplado en la orquesta, hay que organizar la comida, un tiempito de descanso para a las cuatro estar al cien por cien y no irnos a echar la siesta, sino a darlo todo en el escenario.

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