Una casa para la memoria de Cádiz

La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, preside la inauguración de la Casa Pinillos, un edificio incluido en la ampliación del Museo Provincial

La ministra González-Sinde accede a una de las salas de la Casa Pinillos acompañada por Paulino Plata y Francisco Menacho.
La ministra González-Sinde accede a una de las salas de la Casa Pinillos acompañada por Paulino Plata y Francisco Menacho.
José Antonio López / Cádiz

21 de septiembre 2011 - 01:00

Cádiz recuperó ayer una de sus casas más señeras, un edificio que fue baluarte de aquella burguesía que impulsó a través del comercio y la cultura el quizás irrepetible siglo de oro gaditano y que, desde ahora, revierte en la ciudad para que el Museo Provincial ensanche su cuerpo expositivo, extienda uno de sus brazos y pueda expulsar parte del aire artístico que guarda, almacenado, en sus saturados pulmones. La Casa Pinillos, edificio legado en el año 2005 por la familia al Museo de Cádiz, es desde ayer una casa más de la ciudad. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, presidió su inauguración y la de su primera exposición, una prodigiosa selección de históricas fotografías de Ramón Muñoz que convierte al edificio en una casa para la memoria de Cádiz.

Fue la propia ministra, en su alocución oficial, quien echó mano de la figura del arquitecto renacentista Leon Battista Alberti y de su concepto de urbe para hilar la reapertura de la Casa Pinillos con la memoria de Cádiz, con su pasado, con la antigua configuración de calles, plazas y casas: "La ciudad es como una casa grande, decía el arquitecto genovés Alberti, otro Alberti que también nació de cara al mar; y en este sentido Cádiz es una gran casa, y esta Casa Pinillos es una parte de la memoria de la ciudad que hoy tengo el privilegio de añadir al patrimonio cultural público".

"La memoria de Cádiz -abundó la ministra Sinde- va intrínsicamente ligada al mar, es una ciudad de mar, es más un barco formado por casas, calles y plazas que un núcleo urbano al uso". González-Sinde recordó entonces la partida desde Cádiz de la segunda expedición de Colón, además de la posterior relación comercial de Cádiz con las colonias de ultramar, un impulso económico de la misma burguesía que propició también la promulgación de la primera Constitución Española.

La ministra de Cultura hiló entonces su discurso con la conmemoración del Bicentenario, una fecha en la que la Casa Pinillos jugará un importante papel como nuevo espacio museológico, se felicitó del crecimiento del Museo Provincial -"que demuestra que está vivo", dijo-, recordó que aún está pendiente la ampliación del edificio hacia el callejón del Tinte -no dijo los años de espera, más de 20- y agradeció la voluntad testamentaria de Carmen Martínez de Pinillos en favor del Museo de Cádiz.

Y luego volvió a los Alberti, a las casas y al mar: "Hoy la ciudad de Cádiz, desde luego, tiene una razón más para considerarse una casa grande, como decía el Alberti genovés, porque ha añadido a su patrimonio cultural un lugar que ya pertenece a todos. Hoy las puertas de esta ciudad están más abiertas para los gaditanos y para los muchos visitantes que llegarán hasta aquí buscando lo que fue la memoria de esta ciudad y lo que seguirá siendo. Hoy la ciudad de Cádiz también tiene una razón más para estar de acuerdo con los versos de otro Alberti, el poeta, y mirar hacia el mar como ha hecho siempre porque el mar, como saben muy bien los gaditanos, puede esconderse entre las paredes de una casa y entre éstas, sin duda, está".

Ángeles González-Sinde ni siquiera tuvo que develar la plaquita -su tamaño se merece el diminutivo-, que recuerda en el patio principal del edificio el acto de inauguración, pues el presupuesto no debió de dar para la tradicional cortina -cortinita, en este caso-. La ministra pasó directamente a recorrer la exposición fotográfica de Ramón Muñoz, subiendo escaleras, recorriendo estrechos pasillos y deteniéndose en algunas de las imágenes que más le llamaron la atención, como las agrupadas en torno a la temática escolar. El director del Museo de Cádiz y comisario de la muestra, Juan Alonso de la Sierra; uno de los arquitectos de la rehabilitación, Francisco Reina, y el alcalde accidental, José Blas Fernández, fueron explicando algunos detalles de las fotografías y de la casa a una ministra que quedó encantada de la subida a la torre mirador del edificio, desde la que fotografió la Alameda y el mar con su teléfono móvil.

También tomaron la palabra en el acto inaugural -donde la crisis impuso la ley seca en un momento en el que la antigua prosperidad hubiera proporcionado el ansiado por muchos croqueteo- el responsable del Consorcio del Bicentenario, Francisco Menacho, quien recordó el intenso uso que la Casa Pinillos adquirirá en la conmemoración del próximo año, y el consejero de Cultura, Paulino Plata, que recordó con cifras el vigor del Museo Provincial en número de visitantes, pero que después, a preguntas de la prensa, no acertó a concretar cómo se ejecutará la ampliación del Museo de Cádiz hacia su otro brazo, por el Callejón del Tinte, proyectada en ideas y buenas intenciones desde que se rehabilitó el edificio hace más de 20 años, pero cuya realidad, a falta de un año para el traslado de la Escuela de Arte, duerme el sueño de los justos impidiendo que los pulmones del Museo se ensanchen con comodidad para mostrar a la ciudad la parte de la riqueza artística y arqueológica que ahora mismo guarda en sus entrañas.

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