Flamenco

El cante de los toreros gaditanos

  • El Casino Gaditano acoge esta tarde la presentación del nuevo disco de la cantaora Carmen de la Jara, que surge de una investigación de Guillermo Boto sobre los toreros y el flamenco

Guillermo Boto y Carmen de la Jara, ayer con el disco en la Puerta de Tierra. Guillermo Boto y Carmen de la Jara, ayer con el disco en la Puerta de Tierra.

Guillermo Boto y Carmen de la Jara, ayer con el disco en la Puerta de Tierra. / Lourdes de Vicente

El nuevo disco de Carmen de la Jara nace de la historia, de la investigación. Surge de una conferencia y de su flamenca ilustración. Ese es el origen de Toreros gaditanos en la génesis del flamenco, el disco que la cantaora gaditana presenta hoy a las ocho en el Casino Gaditano y cuya grabación emergió del afán investigador, bien documentado como es habitual, de Guillermo Boto, que esta vez unió dos de sus conocidas pasiones, la tauromaquia y el flamenco, para indagar en la vida y obra de aquellos gaditanos de principios de la primera mitad del siglo XIX que unieron ambas realidades para conformar uno de los gérmenes del flamenco. Esa historia de los toreros que también fueron cantaores alumbra este disco de Carmen de la Jara, que rescata cantes de la época, palos casi olvidados y alejados del circuito actual y que se hunden en una de las profundas raíces del cante jondo gaditano.

Nació el disco, como relata la cantaora gaditana, en las entrañas de la Cátedra de Flamencología cuando su presidente, el propio Guillermo Boto, comunica su investigación y solicita que alguien se decida a ilustrar su conferencia sobre este tema. Carmen de la Jara se ofrece y va así tomando forma la charla ilustrada y el futuro disco.

La cantaora apuesta por grabarlo en directo y la sala elegida es la peña Tomás El Nitri, en El Puerto de Santa María, “un rincón muy acogedor, con muy buena acústica y con un público muy respetuoso”. Y allí se graba este disco, con los temas que van ilustrando y dibujando en forma de compás la siempre interesante y esclarecedora charla de Guillermo Boto.

Toreros gaditanos en la génesis del flamenco es el resultado final de esta historia de buceo en las raíces flamencas gaditanas, un disco con más de una docena de temas interpretados por Carmen de la Jara y cuya edición se acompaña de un libro –“con unas ilustraciones y unos grabados preciosos”, explica Carmen– con la conferencia de este médico gaditano con vocación, consumada ya desde muchas perspectivas, flamenca, taurina e investigadora.

El polo, la serrana, livianas, peteneras, cantiñas antiguas como el mirabrás, el pregón de la fruta, el de las castañas, seguiriyas, caracoles, milonga, tientos tangos... son algunos de los palos de este trabajo en el que surgen los nombres, entre otros, de El Morcilla, Enrique el Mellizo (torero y puntillero del anterior), Tío José el Granaíno, el Planeta o Tío Luis de la Juliana.

Nombres y cantes para la historia que la investigación de Guillermo Boto y la voz de Carmen de la Jara, con Juan José Alba a la guitarra y Diego Montoya a las palmas, rescatan para que nunca más se pierdan ni se olviden. Como queda escrita por mediación de Boto esa simbiosis entre la tauromaquia y el cante, esa vocación cantaora de los matadores en esa determinada época de la historia de España.

Los cantes que se recogen en el disco son, en su mayoría, letras de la época que en este trabajo se unen a otros cantes flamencos con referencias taurinas y que un día resonaron en las poderosas y autorizadas voces, por ejemplo, de La Niña de los Peines o de La Perla de Cádiz.

No es la primera vez que Carmen de la Jara, que este mismo año fue galardonada por la Diputación Provincial en el Día de la Provincia, se asoma a los cantes añejos de su tierra natal. Hace ya un tiempo sacó al mercado Tesoros del cante gaditano, en el que también rescató coplas que habían caído en el olvido por el paso del tiempo.

Pero el último disco hasta ahora de Carmen de la Jara fue Puerto de Indias, el trabajo con el que la cantaora conmemoró en 2012 el bicentenario de la Constitución gaditana, que se estrenó en enero de ese año en el Gran Teatro Falla y con el que la cantaora se asomó a la vocación americanista de Cádiz, en un disco que ahondaba en el intercambio musical entre América y Cádiz.

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