Cultura

Cuando el arte trasciende más allá de la mirada

Obra de José Carlos Naranjo. Obra de José Carlos Naranjo.

Obra de José Carlos Naranjo.

José Carlos Naranjo es un pintor de Villamartín -la provincia de Cádiz al completo es, ahora más que nunca, germen de una pléyade importantísima de artistas- que forma parte de ese amplio grupo de jóvenes gaditanos que están dando mucho lustre a una creación que, con ellos, está consiguiendo más sentido y más diáfanas perspectivas. Con los Eduardo Millán, Nacho Estudillo, Javier Palacios, Antonio Lara, Rocío Cano o Ana Barriga - Jerez -, Fátima Conesa, Yeyo Argüez, Blanca Orozco, Yolanda Relinque, Ismael Pinteño o Carola Santos -Campo de Gibraltar-, Pepe Baena, Pablo Fernández-Pujol, Alejandro Botubol o José Dodero -Cádiz -, José Carlos Naranjo forman un cartel de vastas proporciones y muchísima entidad en esta provincia; ellos, con muchísimos otros de unos años mayores, componen un panorama que, ya, se tiene muy en cuenta en el contexto general del arte actual.

José Carlos Naranjo es de los artistas serios, profesionales, constantes y de mucho carácter creativo; además permanece alejado de las tontas circunstancias que empobrecen una profesión a la que muchos han llegado con pocas luces artísticas, grandes dosis de vanidad y muchas ganas de llamar la atención con vacíos argumentos artísticos. Su pintura, desde un principio, ha estado sustentada con el rigor absoluto de una creación convincente y justa. Por eso, se puede decir, sin ánimo a equivocarnos, que estamos ante un pintor valiente, sin complejos, que lo tiene bastante claro y que es consciente de lo que quiere y de cómo lo quiere. Después de haberlo visto realizando una sabia ilustración de la realidad, con un tratamiento afortunado de la figuración y un desarrollo de lo concreto con muy buenos argumentos, lo encontramos, ahora, inmerso en una pintura que, bajo mi punto de vista, lo descubre como muchísimo mejor pintor, infinitamente mejor. El artista, harto de pintar fielmente la realidad, extrema su sentido velándola y dotándola de una nueva dimensión; ahora, le importa mucho más el asunto mediato que la ilustración absoluta de lo concreto que, a veces, queda mediatizada en un estamento pararreal. Escenas que no describen parámetros fijos y exactos sino que dejan en suspenso una realidad que encierra más de lo que muestra. El artista paraliza el discurso representativo, rompe la línea ilustrativa, el mensaje concreto y somete a los espacios figurativos a un poderoso recurso plástico que diluye, sin obviarlo, el mensaje predescrito.

Formalmente, en esta nueva pintura, hay mucha más intensidad plástica; una nebulosa de pigmentos envolventes delimitan un discurso que ya adquiere otra dimensión. El pintor es más pintor; menos ilustrador genial de lo real; es un artista total que envuelve de inmensidad creativa una pintura que hace grande e intensa.

José Carlos Naranjo se nos avanza como un pintor mucho más contundente; en plena joven madurez; sabiendo que ante él se descubre un horizonte que sólo él puede manejar. Ya lo está haciendo de forma determinante; con sabias inclinaciones hacia un arte total que abre las mayores y las mejores expectativas.

La pintura que se presenta en la galería de la sevillana calle Alcázares transita por los senderos de un arte grande, sabiamente concebido, ilustrador de espacios, menos reales, y más significativos; escenarios que exigen miradas limpias y planteamientos adecuados para que su potencial expresivo no se queda en simples fórmulas de una realidad velada.

Volvemos a encontrarnos con la figura de un artista que, desde sus comienzos, se nos ofreció con grandes dosis de potencialidad artística. En estos momentos hay un paso adelante. La formulación de estamentos bellamente descritos dejan paso a escenarios llenos de inquietud, de poderosa pintura, de lúcidas manifestaciones de un arte que él hace contundente en la forma y trascendente en el fondo.

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