El alma de Aranjuez en la Ross

Crítica Crítica de música

La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, durante su presencia el pasado domingo en el Teatro Falla.
La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, durante su presencia el pasado domingo en el Teatro Falla. / Julio González
Jesús Sánchez-Ferragut

22 de noviembre 2016 - 02:05

Las músicas de aranjuezHHHHH

XIV Festival de Música Española de Cádiz. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirección: John Axerold. Guitarra: José María Gallardo del Rey. Primera parte: 'Concierto de Aranjuez' de Joaquín Rodrigo; 'Diamantes para Aranjuez' de J.M. Gallardo del Rey. Segunda parte: 'Sinfonía nº6 pastoral' de L.V. Beethoven. Lugar: Gran Teatro Falla. Fecha: 20.11.2016. Asistencia: Aforo completo.

Según reza en el programa de mano del concierto de la ROSS del pasado domingo, para el guitarrista y compositor José María Gallardo del Rey, el éxito del Concierto de Aranjuez "se debe a que... sintoniza con lo mejor del alma humana". Y la verdad sea dicha, la obra del genial maestro Rodrigo, consigue transmitir como pocas, de manera que al espectador lo sitúa en el plano de los mejores sentimientos. Y la música es sentimiento, en gran medida. Y no por casualidad los dos instrumentos importantes del Concierto de Aranjuez son la guitarra y el oboe. La primera señorea en la calidez y la proximidad a la persona, y el segundo es el instrumento elegido en la orquesta para expresar el alma del hombre. Ambos comparten la dificultad de ejecución y a través de ambos, el instrumentista, además, es capaz de transmitir sus propias emociones, más allá de lo escrito. El maestro Rodrigo no eligió por capricho.

La guitarra de José María Gallardo del Rey suena con acusada personalidad, mezcla de una refinada técnica que deja entrever su pasión por el flamenco, pero sin apartarse de la corrección de la interpretación de la guitarra clásica española. El sonido de su guitarra se aparta, en la interpretación del Concierto de Aranjuez, de otros intérpretes, como por ejemplo el maestro Yepes, al darle un volumen y un timbre más atenuado, producto de una técnica que utiliza mesuradamente la pulsación con uña, apoyando también en proporción la yema al pulsar la cuerda. El resultado es un sonido muy agradable y predispuesto a la matización. Los que estuvimos en el Falla pudimos disfrutar de una versión del Concierto de Aranjuez esplendida, con una Real Orquesta Sinfónica de Sevilla que elevó el nivel musical, como se esperaba de ella, la verdad sea dicha.

La otra obra de la primera parte fue una composición del propio José María Gallardo, homenaje al maestro Rodrigo, con ocasión del 75 aniversario de la composición del Concierto de Aranjuez. La obra, escrita en tres movimientos, es de agradable recepción por parte del espectador, que reconoce al principio el aire de la composición de Rodrigo, siendo conducido poco a poco hacia terrenos flamencos, con aires de rumba y copla española, mientras que la orquesta crea un especial clima con la percusión, aumentada con un cajón flamenco (que incluso hace un solo), dándole gran brillantez al agregar todos los instrumentos. Muy bien. El público aplaudió con ganas, y como bis se interpretó el primer movimiento de la obra.

Para la segunda parte, un giro espectacular del programa: La sexta sinfonía, Pastoral de Beethoven. Con el tiempo lluvioso y desapacible que hacía en el exterior, el escuchar la sexta fue como un bálsamo para el alma del espectador. Beethoven nunca está de más en un concierto, y esta sinfonía es una delicia escucharla de manos de la ROSS, sin duda la mejor de nuestras orquestas andaluzas. Espectacular el trabajo de los violonchelos en el tercer movimiento de esta sinfonía que supuso los albores de la música programática. Muy bien también las flautas y clarinetes y en general la cuerda. Hay algo de común entre la obra de la primera parte, esto es, el Concierto de Aranjuez y la Pastoral de Beethoven, y hay que buscarlo en el terreno de los sentimientos: los que quiso describir el maestro Rodrigo, remembrando su luna de miel en Aranjuez, y los sentimientos bucólicos que despierta la naturaleza y el campo en el ser humano, y que van más allá del retrato del sonido de los animales y del campo.

El Teatro Falla se llenó para ver a la ROSS, y el público aplaudió satisfecho, mientras, en la calle, llovía desapaciblemente, porque ya tocaba que lloviera. Les puedo asegurar que los sentimientos dentro y fuera del teatro eran diferentes.

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