'Vínculos' de Carlos Cortés Bustamante Evocador lugar de encuentro

  • El músico gaditano Carlos Cortés Bustamante publica un honesto primer trabajo discográfico, fruto de años de investigación de las conexiones del flamenco con otros sones

Portada de 'Vinculos', obra del pintor Hernán Cortés. Portada de 'Vinculos', obra del pintor Hernán Cortés.

Portada de 'Vinculos', obra del pintor Hernán Cortés.

Hay viajes (esos que ahora recordamos con nostalgia), hay viajes interiores y, en unos y en otros, lugares de encuentro donde pararse y reparar en lo que nos rodea. Si acaso, a esos, a esos oasis atemporales donde nos encontramos (con otros para, oh, descubrir al fin que ellos están en la raíz de nosotros mismos), se parece mucho este Vínculos del músico Carlos Cortés Bustamante.

Y es que con su primer trabajo en solitario, el compositor, intérprete y productor gaditano traza dos mapas superpuestos–los de su formación sentimental y académica– para guiarse en un evocador recorrido, guitarra en mano y mochila al hombro, por las músicas y los lugares de su vida, íntimamente unidos: vinculados.

Una aventura sonora en siete etapas donde cabe la erudición y el divertimento; el juguetillo y la profundidad; el latido y la caricia. Y, sobre todo, la honestidad.

En Vínculos, Cortés Bustamante nos habla desde las seis cuerdas de la guitara española –desde las dobles cuerdas, también– exclusivamente de lo que conoce. Y, el caso, es que conoce mucho.

De su inmersión por el rico patrimonio folklórico de nuestro país, y de la privilegiada comunidad a la que pertenecemos, destaca su Paseíllo andaluz, su exquisito homenaje a los diferentes fandangos andaluces que desemboca en una fanfarria que huele a verdiales, y que se erige como uno de los temas más interesantes de este disco, puesto que ortodoxia y heterodoxia se dan la mano sin rencores, creando nuevos vínculos a explorar.

Tampoco se queda atrás el tema inaugural de la obra, Catarsis, una soleá por bulerías que coquetea con el chachachá en una invitación a arrimarse a la melodía con el pecaminoso ánimo de mover el cuerpo al tiempo, a los tiempos, que se nos antojan curvilíneos, sinuosos, y que Cortés Bustamante dosifica hasta el clímax final que luego se deja morir como quien rueda por la cama.

El aire latino no sólo se respira en Catarsis, el Toque de Vuelta e Ida (en ese cariñoso juego de palabras que estrecha, aún más, los vínculos con la tierra hermana) es un buen ejemplo de la travesía dos veces bidireccional (de aquí y de allí; desde dentro y desde afuera) a la que el músico nos enfrenta. Su amor por La Habana, donde vivió, envuelto y devuelto en compás por bulerías. Un regalo tan íntimo como personal.

Personal e íntimo como las coordenadas de ese Inner Peace con el que concluye Vínculos, quizás, el corte más reflexivo del debut en el alante del músico.

Un artista que mira hacia dentro y hacia la raíz para reconciliar su música, también, con la tradición andalusí y con el continente al que mira la costa de la provincia de Cádiz. En este cometido se empeña en Assilah Blues y hasta en Puente en Cádiz –déjense cautivar por el legado que palpita en un tanguillo y en otras melodías hermanas– que se erige como otro de los hitos del camino en los que pedir parada y fonda.

Pero hemos dicho que este trabajo no sólo es un viaje –por Cuba, por Marruecos, por Senegal, por Andalucía, por Cádiz...– para buscar los nexos de unión entre diferentes sones, encuentros que se producen en la misma raíz de cada latido; sino que también es un viaje interior en dirección a esa misma búsqueda, a los propios Cimientos, que el guitarrista deja a la vista con compases en claro guiño a su formación clásica, con arreglos de elegantes cuerdas y con un pie en el jazz y otro, cómo no, en el flamenco que en los últimos años se ha dedicado a estudiar en profundidad.

Por ello, Vínculos, que está en la calle desde el 15 de enero, no es sólo un disco, es la declaración de intenciones de una carrera.

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