Crítica de la Orquesta Ciudad de Granada en el Festival de Música Española de Cádiz

Tonadila escénica versus ópera italiana

La Orquesta Ciudad de Granada en el Gran Teatro Falla con Ruth Rosique. La Orquesta Ciudad de Granada en el Gran Teatro Falla con Ruth Rosique.

La Orquesta Ciudad de Granada en el Gran Teatro Falla con Ruth Rosique. / Julio González

Manuel del Populo Vicente García fue una figura clave de la lírica española de los siglos XVIII y XIX. Sevillano, brilló como tenor, y fue el preferido de Rossini, quien escribió para él la partitura del Conde de Almaviva, personaje de El Barbero de Sevilla, la ópera bufa por excelencia de todos los tiempos.

Manuel García fue el primero de una larga saga de músicos, compositores y cantantes que ha llegado hasta nuestros días (ver el libro Los García, una familia para el canto, de A. Moreno Mengíbar, presentado este año durante el FMEC en Jerez). Pero debido probablemente a su fama como tenor, y quizá también a la fama de sus hijas, María Malibrán y Pauline Viardot, lo cierto es que su otra gran faceta, la de compositor, quedó en el olvido de archivos y bibliotecas. Y sin embargo, llegó a ser un verdadero referente de la lírica europea del siglo XIX a través de sus composiciones y método de canto.

Si en la Europa central del siglo XVIII la forma sonata clásica iba apoderándose de la música, llegando a ser su signo de identidad, a la vez que en Italia la ópera buffa hacía furor, en España, lo que se puso de moda fue la tonadilla escénica, género españolísimo que evolucionó a partir de los entremeses y sainetes de los entreactos de comedias, hasta tener su propia identidad, como elemento cómico y musical unidos. Manuel García fue autor de tonadillas escénicas, y además fue evolucionando en el siglo XIX hacia la opereta e incluso la ópera, con la composición de una pequeña ópera en un solo acto, que se llamó El poeta calculista, cuya obertura pudimos escuchar el sábado pasado en el Falla interpretada por la Orquesta Ciudad de Granada, bajo la batuta del Director Andrea Marcon.

No fue lo único que escuchamos de Manuel García en el concierto, ya que, en las voces de la soprano sanluqueña Ruth Rosique y del tenor Juan de Dios Mateos, pudimos escuchar una de las tonadillas escénicas del genial músico sevillano: La Maja y el Majo. De esta tonadilla el programa de mano nos trajo cuatro de sus seis números, alternando las voces de la soprano y el tenor, junto con dúos. Fue una muestra de lo que fue el género, con sus números musicales, líricos y recitados. Ruth Rosique le puso la gracia goyesca, lo castizo, la fuerza y carnosidad en su voz y una estupenda dramatización que acercó el estilo al público del Falla. El tenor Juan de Dios Mateos estuvo correcto, aunque algo dubitativo en algunos pasajes, resolviendo bien las partes más “castizas” de lo dramático, sin disimular su acento almeriense.

Estas dos obras de Manuel García están grabadas en un CD, editado por el Empresa pública de gestión de programas culturales de Andalucía, en 2005, interpretadas por la Orquesta Ciudad de Granada, con Ruth Rosique y Mark Tucker, y dirigida por Andrea Marcon.

Antes de concluir la primera parte, hubo más lírica, esta vez autoría de Saverio Mercadante, compositor italiano del siglo XIX, muy prolífico en ópera bufa, influenciado por sus estudios en Nápoles y sobre todo por Rossini, de quien es fácil apreciar su estilo, en la obertura de la obra que nos tajo la Orquesta Ciudad de Amería: Don Quischiotte alle nozze di Gamaccio (el capítulo de Las bodas de Camacho del Quijote). Pero la obra de Mercadante es a la vez de inspiración española, ya que residió en Madrid y Cádiz durante un tiempo, y precisamente fue en el Teatro Principal de Cádiz (situado antiguamente en el Palillero) donde se estrenó en 1830.

La obertura es excelente, llena de matices españoles: fandangos y jotas, que van tejiendo un entramado musical, rico en fibras napolitanas y rossinianas, así como en ímpetu y modos españoles. Además de la obertura, pudimos escuchar la escena nº3 y el duetto de Basilio y Chiteria. Un número precioso, que fue magistralmente interpretado por Ruth Rosique, que estuvo de nuevo acompañada por Juan de Dios Mateos. Aunque la pareja artística estuvo algo descompensada, a favor de Ruth, no por ello el número desmereció, aunque en los registros altos encontrara cierta dificultad el tenor almeriense.

Tras un breve descanso, la Orquesta Ciudad de Granada interpretó una de las piezas musicales españolas importantes del siglo XIX: La sinfonía en Re menor, de Juan Crisóstomo de Arriaga. Aquí pudimos ver a una Orquesta Ciudad de Granada en su plenitud, demostrando un gran empaste y solidez, bajo la batuta de su director titular Andrea Marcon, que la condujo con proximidad y empatía hacia los maestros que la componen, cuidando todos los detalles.

No hubo propinas al final, pero sí gran aplauso del público asistente.

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