Muere Raymond Carr, decano y maestro de hispanistas
Su alumno más destacado, Paul Preston, anuncia el fallecimiento a los 96 años del autor de la mítica "España: 1808-1939".
Tuvo que ser Paul Preston, uno de sus alumnos más destacados, el que anunciara ayer, en un acto en Barcelona en el que entregaba su archivo al monasterio de Poblet, el fallecimiento del decano de los hispanistas británicos, Raymond Carr, que dejó este mundo la noche del domingo, cuando se aproximaba a convertirse en centenario, con 96 años.
Raymond Carr fue un historiador de obligada lectura para los españoles en los años 70, cuando publicó un grandioso fresco: España (1808-1939). Ariel fue la editorial que trasladó al castellano esta visión británica y liberal de un convulso siglo XIX, que acabó en el siglo XX con un río de sangre.
Aunque los españoles conocemos a Raymond Carr por su trabajo como hispanista, el historiador, conocido en sus años de estudiante en Oxford como the swat ('el empollón'), fue una firma influyente en el mundo intelectual del Reino Unido durante décadas a través de su columna semanal en The Spectator.
Sus orígenes eran humildes. Raymond Carr nació en la localidad británica de Bath el 11 de abril de 1919 y era hijo del maestro del pueblo, es decir, el hijo de un modesto maestro rural. Estudió con becas y, tras acabar brillantemente sus estudios, se empezó a interesar por la América Latina y la huella de los conquistadores. Gerald Brenan, autor de El laberinto español, que acabó sus días en Málaga, le guió acerca de la singularidad de la historia española y ahí empezó la investigación que le llevaría a concluir su obra magna, que sería la que acabaría granjeándole el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el año 1999.
Una cantera de futuros hispanistas, como Hugh Thomas o Alistair Hennessy, conocieron una nueva visión acerca de la Guerra Civil española acudiendo a sus seminarios en los college, donde, según cuenta María Jesús González en la biografía del historiador , La curiosidad del zorro, también estaban presentes personajes tan dispares como el general Martínez Campos o la ex ministra anarquista de la República Federica Montseny. Hoy sabemos prácticamente todo de la Guerra Civil española, pero en los años 50 era un campo abierto en el que Raymon Carr abrió senderos desde una perspectiva humanista y sosegada, dentro de lo sosegado que puede ser un análisis de semejante carnicería.
Ya era profesor del St. Anthony, uno de los colegios más elitistas de Oxford, cuando observó con ojo científico los sucesos que se producían en Cuba, con la llegada al poder de Fidel Castro y sus barbudos. Alejado del marxismo como método de trabajo porque Carr no era Noam Chomsky, fue una de las mentes lúcidas que fijaba su mirada sobre los cambios que se operaban en el patio trasero de Estados Unidos. Pero hay que situarse en la época. Carr no era un historiador de campo y la mayor parte de su mundo se creaba desde dentro de los muros del universo Oxford, donde era una celebridad y enormemente respetado. Su defensa de las tradiciones británicas -sus artículos sobre la caza del zorro sin ir más lejos- era constante y permite conocer a través de sus escritos una Inglaterra profunda y profundamente clasista.
Posiblemente, su gran logro fue que muchos de sus alumnos se interesaran por España y su historia, por crear un vínculo, que se mantiene en nuestros días, entre quienes serían influyentes historiadores y la evolución de aquel país el sur de Europa que fue un imperio.
Uno de sus últimos actos en España se celebró hace una década, en 2005, cuando presentó su libro recopilatorio de artículos El rostro cambiante de Clío. En aquella intervención demostró que tenía mejores dotes para el análisis del pasado que para la predicción, al vaticinar, por ejemplo, que Juan Carlos I tenía asegurada la legitimidad y la continuidad por su papel clave en la Transición. También mostró, y ahí no se equivocó mucho, su preocupación por la falta de interés de nuestro país por el mundo académico, recordando que en su país había casi más catedráticos especializados en la Historia de España que en la propia España.
También te puede interesar
Lo último