Concierto en el Falla | Festival de Música Española de Cádiz Lo que va de aquí a Ketama...

  • Los hermanos Carmona protagonizan un concierto irregular que no impidió disfrutar a los aficionados de los temas míticos de la formación

Ketama y su banda, en el escenario del Gran Teatro Falla. Ketama y su banda, en el escenario del Gran Teatro Falla.

Ketama y su banda, en el escenario del Gran Teatro Falla. / Lourdes de Vicente

Lo que va de aquí a Ketama es un camino empedrado con losas irregulares pero amortiguado por la nostalgia y el cariño. Lo que va de aquí a Ketama es un sonido indiscutiblemente propio pero que ahoga el peculiar eco de su vocalista. Lo que va de aquí a Ketama es un trecho, sí, y bien largo, pero, ¿qué distancia es demasiado amplia para la devoción? Lo que va de aquí (siendo aquí el concierto que este 20 de noviembre ofrecieron los hermanos Carmona en el Gran Teatro Falla) a Ketama (siendo Ketama en nuestro recuerdo de aquel Ketama de los noventa) es el tiempo, que no pasa igual para todos.

Juan, Josemi y Antonio Carmona, acompañados por una banda de ocho músicos sin la que, en palabras del propio Camborio, “estaríamos muertos”, hicieron, en teoría, lo prometido. Desgranar los temas de aquel ya mítico De akí a Ketama, además de congraciarse con Cádiz con alguna propina especial como un para de canciones en solitario de Josemi y Antonio, respectivamente, y los tanguillos de La cuesta de La Cava que Juan y Josemi “improvisaron” de forma brillante para el respetable del Falla. Y así, es, todo esto lo hicieron...

¿Las maneras? No siempre satisfactorias aunque eso no pareció importar a buena parte del público del patio de butacas que no dudó en saltar de sus asientos (eso sí, no de forma espontánea, sino jaleados por Juan) para entregarse a las lokas y surrealistas postrimerías de Vente pa Madrid (con el primo José Luis en escena, no sabemos muy bien para qué, y con una especie de llegada de la caballería cuando Selu García Cossío, entre el público, salta a escena para meterle a compás aquello de que las papas hay que comerlas guisás) y para fundirse en el esperadísimo No estamos locos, el único bis que interpreta la formación.

Con todo, un poco de espontaneidad y locura controlada no sólo es perdonable sino que hasta se agradece al final de este tipo de viajes en el tiempo; eso sí, si todo el paisaje que antecede ha estado a la altura del recuerdo. Y en este revival concreto, se desdibujaba el color fundamental...

El color de una voz reconocible a millones de kilómetros, la de Antonio Carmona, que no sonó todo lo alta y clara que los buenos aficionados esperaban. “¡Antonio, no se te escucha!”, le advertían un par de cándidos espectadores en los albores del concierto, aduciendo la falta de potencia a problemas con el sonido (no descartables, por otra parte).

Antonio Carmona canta entre el patio de butacas del Falla Antonio Carmona canta entre el patio de butacas del Falla

Antonio Carmona canta entre el patio de butacas del Falla / Lourdes de Vicente

Un comienzo que, quizás, fue de lo mejor de la cita con el carismático vocalista alcanzando el escenario desde el patio de butacas donde canta de tú a tú a su público la Carta canción, que, ya en la escena, enchampelaba con una Djamana Djana un pelín desprovista de sus rasgos más flamencos y dejándose caer más en los ritmos latinos gracias a los brillantes metales con los que se remata el tema.

Con Vengo de borrachera todavía duraba el romance con el público que tocó las palmas al compás pero que empezó a languidecer con la pérdida de sinuosidad de temas tan potentes en su día como Acaba de nacer, Problema o la grandísima versión de Azul de Antonio Vega que en el recital nos pareció descolorida.

En Flor de Lis, Antonio optó por repartir peso entre sus coristas y la artista invitada de la noche, la intérprete Pastora Andrades, que no hace mal papel teniendo en cuenta que “esto es totalmente improvisado”, como aseguraba el Carmona que en todo momento no dejó de rendir pleitesía al Gran Teatro Falla y a Cádiz, la que considera su casa, recordando (puede que incluso lo cantara en ese final de Vente pa Madrid) que vive en Zahora.

¡Qué buena banda!”, le tiran a los Carmona desde Paraíso (¿llevaría eso misiva subliminal?) “¡Qué guapo Josemi”, “Juan, fuego!”, “Ole Al Pacino”, se llevaba Antonio que, rápido, daba con la gran diferencia entre él y el actor: “ojalá tuviera yo el dinero de Al Pacino...”.

Puede que sea mucho lo que va de aquí a Ketama, pero el amor y el respeto todo lo puede...

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