Expresionismo vital y artístico

arte

La obra del desaparecido Ernst Ludwing Kirchner se exhibe en la Fundación Mapfre de Madrid, erigiéndose como una de las muestras más potentes que se oferta en la actualidad en la capital

Una de las piezas que se exhiben.
Una de las piezas que se exhiben.
Bernardo Palomo

25 de agosto 2012 - 05:00

Creo que estamos ante la mejor exposición que actualmente tiene lugar en la capital de España. Probablemente otras -El último Rafael y Edward Hopper- tengan un mayor tirón popular, pero no están a la altura de ésta que se presenta en la Fundación Mapfre, en el Paseo de Recoletos, justamente al lado del café Gijón. Aquellas te dejan un tanto insatisfecho, la primera porque el trabajo del gran Rafael de Urbino es mínimo y casi todo depende del taller, sobre todo de la mano de Giulio Romano; la del pintor americano porque tampoco, salvo unas pocas obras, nos sitúa ante la idea que se tiene del artista neoyorquino. Ésta nos conduce por las mejores rutas de un expresionismo figurativo que el artista consiguió abrir para bien de un arte que buscaba encontrar menos horizontes ajenos a lo ya establecido. En este sentido hay que decir que, a principios de la centuria pasada se gestaron muchas de las grandes ideas que revolucionaron la creación artística; entre ellas, el expresionismo, que fue de los movimientos de la vanguardia histórica más difícil de delimitar y definir, fijándose, sobre todo, en el ser humano y en su existencia, preferentemente aquella que mostraba el lado más oscuro, sombrío y antisocial. En Alemania fue, junto con Noruega y Bélgica, donde se originó el núcleo más importante del expresionismo europeo, centralizándose en dos focos: Dresde y Munich. En Dresde, un grupo de jóvenes estudiantes de arquitectura se unieron para formar una asociación artística a la que denominaron, Die Brücke, El Puente. Era el año 1905; las experiencias postimpresionistas eran conocidas y los primeros ecos del fauvismo empezaban a difundirse con fuerza. Aquellos jóvenes pretendían crear un puente que fuese el paso que uniera los "nuevos elementos agitadores y revolucionarios" con la realidad más aplastante. Este particular punto de encuentro serviría como desarrollo de nuevas identidades artísticas. Die Brücke implicaba un rechazo del arte coetáneo alemán, así como la devoción absoluta a Van Gogh; apreciaban a Munch, cuyos grabados fueron el punto de partida de sus xilografías. Entre aquellos jóvenes apasionados se encontraban Erich Heckel, Fritz Bleyl, Karl Schmidt-Ruttluff y Ernst Ludwing Kirchner. Éste había nacido en la ciudad alemana de Aschaffenburg en 1880, trasladándose en 1901 a Dresde donde comienza su carrera artística, cuya trascendencia marcó un momento muy importante de la primera pintura auténticamente moderna.

La exposición que se presenta en la Fundación Mapfre nos pone en la abierta naturaleza pictórica de un artista presente en los grandes movimientos renovadores del primer arte avanzado europeo. Se trata de una muestra configurada en varias etapas cronológicas perfectamente delimitadas, en tiempo y forma, y que nos hacen transitar por los diversos planteamientos de un artista absolutamente prolífico. En primer lugar nos encontramos con sus obras iniciáticas adscritas a Brücke. Son pinturas con resonancias fauvistas y marcada huella de la pintura de Van Gogh; la figura humana es protagonista y se llega a ejecutar con rápidas pinceladas de trazos fuertes y manchas de colores puros. La carrera de Kirchner varía sustancialmente cuando marcha a Berlín; en la capital alemana asume todos los postulados del expresionismo. Lo urbano toma clara conciencia de una realidad social con la Primera Gran Guerra mostrando sus afiladas garras. La pintura de Kirchner se hace más extrema; los cuerpos aparecen afilados, casi deformados, mostrando la ansiedad reinante que se acentúa en el propio artista, que entra en una profunda crisis nerviosa, debiendo ser internado en diversos sanatorios. En ellos pinta a los enfermos, a los médicos y a los descarnados ambientes que allí tienen lugar. Se interesa profundamente por la obra gráfica en la que se aprecia un mayor desgarramiento formal y expresivo.

La última etapa pictórica, la que transcurre en la ciudad alpina de Davos y que coincide con sus postreros desarrollos existenciales, lo llevará a interesarse por los paisajes y por la gente de los Alpes. Su pintura se hace más amable, rompe con la figuración y abre perspectivas que lo acercan a representaciones ajenas a lo concreto y cercanas a una básica abstracción.

En 1938 Ernst Ludwing Kirchner se suicida. Antes, los nazis habían retirado de los museos gran parte de su pintura por considerarla "arte degenerado". El artista destruye muchas de sus obras y pone fin a su existencia.

La exposición sirve para situarnos ante un pintor fundamental en el desarrollo de las vanguardias. Su obra, su historia personal y su planteamiento vital y artístico lo hacen protagonista de una página tremendamente significativa de la pintura europea. Una muestra de auténtico valor histórico y referencia absoluta para conocer nuestra pintura moderna. Es, sin duda, el centro de interés expositivo de este Madrid, fin de temporada.

Fundación Mapfre MADRID

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