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Teatro flamenco La 'sombra' alargada de Eduardo Guerrero se estrena en el Maestranza

  • El bailaor gaditano pone de largo ‘Sombra efímera II’ en Sevilla

  • El trabajo es fruto de una residencia de un año en los Teatros del Canal

El intérprete gaditano Eduardo Guerrero, en una imagen promocional. El intérprete gaditano Eduardo Guerrero, en una imagen promocional.

El intérprete gaditano Eduardo Guerrero, en una imagen promocional. / Félix Vázquez

A estas alturas del camino, nadie puede dudar del talento y la solvencia de Eduardo Guerrero como bailaor flamenco. Su potente físico, su técnica más que depurada y su respeto y sabiduría de la raíz de este arte lo avalan como un reconocido intérprete tanto en trabajos para otras compañías como propios. Pero, además, en los últimos años, el artista ha iniciado un interesante proceso de investigación con el que se autobliga a “salir de la zona de confort” y poner en contacto su baile con otras disciplinas y con otros aspectos del movimiento. Una senda que llega este 1 de diciembre a un nuevo punto de inflexión con el estreno en el Teatro Maestranza de Sevilla de Sombra efímera II.

Con la dirección artística de Mateo Feijóo, el cante de Samara Montañés y Manuel Soto y el toque de Javier Ibáñez, el gaditano prosigue su búsqueda artística internándose en “nuevos diálogos con el espacio teatral” y “con las artes”, explica el artista al que vimos enfrentarse a la gran burbuja creada por Marco Canevacci para Sombra efímera que se presentó en la Bienal de Sevilla en 2018.

“Hay mucha gente que me pregunta qué es esto de Sombra efímera, Sombra efímera I, Sombra efímera II... Pero no es más que parte de un mismo proyecto pero al que me he ido enfrentando en procesos”, explica el intérprete sobre su trabajo “más ambicioso” hasta el momento y que no hubiera sido posible “sin la residencia de un año que conseguimos en los Teatros del Canal en Madrid, ni, antes, sin el proyecto para la Bienal, la muestra en Jerez y el otro fragmento que presentamos en Holanda, todo eso, es parte del trabajo que ha desembocado en Sombra efímera II”, reconoce.

Y es que si Sombra efímera supuso un encuentro entre el flamenco y el concepto site specific, al abordar la relación entre la arquitectura efímera y espacios arquitectónicos emblemáticos; en esta nueva fase se generan otras lecturas con el espacio convencional integrándolas en “un paisaje simbólico” con tintes oníricos. “Y en ese proceso, tener a nuestra disposición un espacio como Teatros del Canal por un año, y no preparar una pieza en un par de meses, como es lo habitual, ha sido clave para el equipo pues nos ha dado la posibilidad justo de eso, de convertirnos en un equipo, de conocernos a otro nivel, de contar nuestras experiencias, vernos de otra manera y, desde ahí, trabajar”, explica Guerrero “enriquecido” y “lleno” gracias a este proceso creativo.

“Trabajar así nos ha dado la oportunidad, a mí, al menos, de dejar atrás muchos miedos. Si el espectáculo con la burbuja neumática nos cambió, con Samara cantando por fuera de nosotros, y yo dentro bailando en todos los grados, en Sombra efímera I yo quise dar un paso más y hacer algo que me hacía mucha ilusión que fue relacionar el espectáculo con una obra social”, confiesa Guerrero que acudió a la ONG Mensajeros de la Paz e hizo un donativo con el que compró diez bolsas de ropa donada a la organización con la que prosiguieron su trabajo de investigación.

“Con esa ropa construimos un telón completo de 10x10. Cada uno de los integrantes, Samara, Manu, Javier y yo, construimos nuestra pieza del telón con prendas de esas bolsas que fuimos escogiendo por diferentes motivos. Javier, el único que es padre de nosotros, optó por coger mucha ropa de bebé; yo, por ejemplo, escogí una bata rosa que me recordaba a mi abuela; Samara, que no tiene a su madre, pues ropa también que le llevaban a ella... Contarnos esas experiencias y nuestras relaciones familiares nos fortaleció mucho como grupo y a construir el espectáculo como un todo” resuelve el artista sobre esta parte del proyecto en el que también introdujo “la poesía sufí al flamenco”. “En el espectáculo no hay ni una letra de flamenco tradicional sino unos maravillosos poemas sufíes que tienen una carga emocional grandísima y que nos lleva a otro tipo de preguntas y hacia una reflexión sobre lo efímero”, explica.

Ahora, en Sombra efímera II, la propuesta engorda con el fruto de “un tercer proceso de investigación” en el que construyen “un suelo de papel, blanquísimo, que cubre todo el escenario” sobre el que se coloca “una montaña gigante de tierra” por la que irán pasando y con la que irán interactuando los cantaores y el guitarrista. “Yo, por mi parte, voy dejando mis huellas por el suelo, de alguna forma destrozándolo como estamos destrozando el planeta, incluso en el taranto voy soltando unos carbonillos que luego iré pisoteando para mancharlo y cambiarlo todo, como también nosotros vamos cambiando con el paso del tiempo”, adelanta el artista que también deja lugar en el espectáculo para reivindicar “el amor entre dos personas del mismo sexo” con un paso a dos con el cantaor Manuel Soto “con mucha naturalidad” y “con mucha realidad”.

“Creo que es uno de los trabajos más sinceros y más diferentes que he hecho y con el que todos hemos aprendido más”, decide el artista “deseando” de que este Sombra efímera II también se pueda ver en su tierra durante la próxima temporada.

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