Eduardo Galeano en la puerta de América

literatura | Adiós a la voz de los sin voz

El desaparecido escritor uruguayo mantuvo una hermosa relación con Cádiz a través del FIT y de amigos como Fernando Quiñones y Juan José Téllez

Eduardo Galeano en la puerta de América
Eduardo Galeano en la puerta de América
Tamara García Cádiz

14 de abril 2015 - 05:00

No es de extrañar que el escritor grande, incluso de las cosas chicas, posara sus ojos en nuestro Sur del Sur con ternura (porque todos los sures son el mismo sur). Eduardo Galeano estaba "enamorado" de Cádiz. De una ciudad tan "respirable y caminable" como su Montevideo natal, que también atesora esas "dos cualidades difíciles de encontrar". Así de generosa era la mirada del uruguayo con "la puerta de América" en Europa. Con una tierra de mar y luz que conoció como se conocen las leyendas: relatadas. Galeano se aproximó a Cádiz en Madrid por boca del escritor Fernando Quiñones. Después llegarían las visitas, varias a lo largo de 30 años, también de la mano de otros buenos amigos como el escritor y periodista Juan José Téllez y con los que cultivó en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, donde participó en un par de ocasiones. Cádiz llevaba aparejada "la felicidad" para el autor de Las venas abiertas de Latinoamérica, acostumbrado a espulgar entre tinieblas para descubrir la luz.

En aquella casa, que era "como un aeropuerto", recalaba "muchísima gente". Cuando Nadia Consolani habla de "casa", se refiere a esa "auténtica primera casa de América" (bautizada así por el poeta nicaragüense Luis Rocha) que era el hogar de Madrid que compartía con su marido Fernando Quiñones, y cuando habla de "muchísima gente" resume los nombres de los artistas americanos y españoles más importantes de la época. A esa casa, por supuesto, también llegó Eduardo Galeano en la época de su exilio en Barcelona y Madrid.

La viuda de Quiñones confirma esa "gran amistad" que unió al gaditano y al chiclanero por aquella época, "y más adelante en el tiempo, pues ellos mantuvieron el contacto también por carta, sé que se escribían bastante", explica Consolani que no deja de sentir "un dolor en el corazón" cuando "una buena persona y una gran escritor" se va de este mundo.

El hombre que veía el mundo como "un mar de fueguitos" (El libro de los abrazos) tampoco olvidó nunca al autor de La canción del pirata al que dedicó más de una conferencia de las que protagonizó tanto en Cádiz como en la Chiclana natal de Quiñones. Así, en septiembre de 2007 Galeano se emocionaba recordando al amigo perdido ante un abarrotado Palacio Provincial. Un auditorio que completó su aforo veinte minutos antes de que Galeano comenzara su intervención. Decenas de personas se quedaron a las puertas de Diputación sin poder entrar a la conferencia ante una "sorprendida" (así lo expresó) María Naval, por entonces, diputada de Ciudadanía, que fue reprendida por el público al mostrar su desconcierto por el éxito de convocatoria de escritor que, en aquellos días, ya tenía en mente "un proyecto loco"... Un año después, regresaría a Cádiz, a Filosofía y Letras, con la materialización de esa locura bajo el brazo, el libro Espejos, y a la tierra de Fernado con una cita en el Teatro Moderno de Chiclana a instancias de la Fundación Quiñones.

Otro escritor de nuestra provincia, otro amigo, Juan José Téllez, también ha sido artífice y, sobre todo, el anfitrión de más de una visita a Cádiz del escritor que más y mejor ha celebrado la voz de los sin voz de una orilla y de otra. "Galeano sabía que Cádiz era la puerta de América y que América era la puerta de Cádiz. Aunque América y Cádiz lo hayan olvidado", recuerda el también director del Centro Andaluz de las Letras, que compartió escena con el de Montevideo en la última gran intervención pública de Galeano en la ciudad, su participación en el ciclo Las Tertulias de la Pepa, que tuvo lugar en octubre de 2011 en el Museo de Cádiz. Otro rotundo éxito de público.

Ese mismo día, Téllez llevó al autor de Los hijos de los días a conocer un mítico establecimiento de la ciudad, el Pay Pay. Paloma García, su regente, aún recuerda aquella "maravillosa" visita de la que Galeano dejó constancia firmando en el libro de honor del café teatro. "Recuerdo que, además, dio la casualidad que esa noche teníamos a una compañía de teatro actuando de chicas que eran argentinas y uruguayas. Ellas lo reconocieron al instante y estuvieron charlando con él. Fue muy entrañable", asegura.

En su última visita privada a la ciudad (posiblemente en 2013) sí que recuerda Téllez algún incidente que "le aguó el día". Y es que, tras darse un baño en la playa Victoria, el escritor descubrió que le habían robado su macuto "y lo dejaron sin dinero", rememora el algecireño.

Otros baños más agradables nos devuelven la imagen de Galeano en braga náutica saliendo del Tiempo Libre, toalla al hombro, camino a la playa gaditana de los años noventa. En el por entonces centro neurálgico del Festival Iberoamericano de Teatro se alojó el literato durante la edición de 1993 en la que participó dentro del programa de actividades paralelas. Pepe Bablé, entonces director del festival con Sanchis Sinisterra, rememora "con mucho cariño" esos días que Galeano pasó en Cádiz y recuerda cómo "le gustaba este festival por la implicación que teníamos con Iberoamérica".

Galeano, tal y como se dejó constancia en este periódico, protagonizó una lectura de los poemas de Memoria del fuego y adelantó algunos de Las palabras andantes, que aún no se había publicado. Además, el literato tuvo la generosidad de ceder a Diario de Cádiz el cuento Historia de la intrusa y algunas de sus ventanas inéditas, que este rotativo publicó en su suplemento cultural el 23 de octubre de 1993.

El escritor regresó al FIT en 1997, un año después de que realizara el prólogo de Crónica de un hecho insólito, el libro con el que el FIT celebraba su primera década de vida. "De nuevo se mostró cercano y cariño con todos nosotros", explica Bablé con tristeza ante la noticia de la muerte del escritor.

"Tanto Eduardo como Helena, su mujer, estaban enamorados de Cádiz. De hecho, relacionaban a Cádiz con la felicidad", culmina Téllez sobre la voz más lúcida, más crítica y más tierna, "de una izquierda heterodoxa que mira más al futuro que al pasado".

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