Cultura

Curro Díaz, premiado con el primer trofeo de San Isidro

  • El diestro linarense corta una oreja al cuarto toro tras una faena medida y estética, rematada con una estocada certera · Juan Bautista y Gallo, deslucidos, de vacío

GANADERÍA: Corrida de Salvador Domecq, desigualmente presentada, con varios ejemplares de feas hechuras. El primero, manejable y sin fuerzas; segundo, noblón y sin clase; tercero, descastadísimo; cuarto, manejable y noblón, con un buen pitón derecho; quinto, incierto, acabó orientándose. Un sobrero, como sexto bis, de Navalrosal, cinqueño, que resultó noblón. TOREROS: Curro Díaz, de verde y oro. Dos pinchazos y un descabello (silencio). En el cuarto, estocada (oreja). Juan Bautista, de azul y oro. Estocada (silencio). En el quinto, pinchazo hondo y descabello (silencio). Eduardo Gallo, de verde y oro. Estocada caída (silencio). En el sexto, tres pinchazos y estocada (silencio tras aviso). Incidencias: Plaza de toros Monumental de Las Ventas de Madrid. Jueves, 6 de mayo. Primera de San Isidro. Casi lleno. Curro Robles destacó en brega y banderillas.

El maratón taurino isidril, con un mes ininterrumpido de festejos, se convierte en examen decisivo para la cotización de toreros y ganaderos. En la primera prueba aprobó Curro Díaz y suspendieron Juan Bautista y Eduardo Gallo. El torero linarense consiguió el primer trofeo de la feria tras una faena preciosista, a la que faltó mayor entidad. Sucedió en el cuarto, un toro manejable, noblón, con escaso motor y que tuvo un buen pitón derecho.

Curro Díaz, en una faena medida, brilló especialmente en dos series con la diestra, perfumadas de estética. Toreo en redondo de gran belleza; sin aditivos. Cuando el jiennense probó por el pitón izquierdo, el toro se le coló peligrosamente y no volvió a probar. En el cierre sacó de su cofre dos hermosas suertes: un garboso pase del desprecio y un inspirado molinete. Su decisión a la hora de tirarse en la suerte suprema, enterrando la espada en el primer envite, fue decisiva para que ondeasen los pañuelos en los tendidos y la presidencia concediera el premio.

El toro que abrió plaza y feria, muy alto y montado, resultó manejable. Pero debido a sus escasas fuerzas, le costaba embestir. Curro Díaz, que con la diestra plasmó algunos muletazos de buen trazo, no tuvo opción a lucirse artísticamente.

Juan Bautista y Eduardo Gallo, deslucidos, se marcharon de vacío. No dieron la talla. El diestro francés, como primer oponente tuvo a un toro muy protestado desde su salida por falta de trapío. No pasó de un trasteo sin chispa, y a menos, con un animal noblón y sin clase. Con el incierto quinto, que acabó orientándose, no consiguió logro alguno. El salmantino tuvo una oportunidad de oro ante el mansote que cerró plaza, un sobrero de Navalrosal. No cogió el aire al toro y su labor acabó en cercanías, con un epílogo de ceñidísimas manoletinas, tras un desarme y varios enganchones. Mató mal. El voluminoso tercero, un colorao con seiscientos kilos, apenas si se movía de manera acochinada. No se le picó, esperó y se dolió en banderillas, y en la muleta era una barca a punto de hundirse en cada movimiento. Gallo porfió en un trasteo insulso con el descastado animal.

El primer espectáculo apenas pasó de las dos horas. No se hizo pesado y como noticia Curro Díaz, con una faena medida, que rezumó estética, fue premiado con el primer trofeo de San Isidro 2010.

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