Clara Peeters, protagonista en El Prado

La pintora flamenca será la primera mujer en centrar, el próximo otoño, una muestra monográfica en la pinaconeta madrileña

'Vanitas', posiblemente, un autorretrato.
'Vanitas', posiblemente, un autorretrato.
Redacción/Agencias

31 de julio 2016 - 05:00

Tras su exhibición en el Museum Rockoxhuis de Amberes, el Museo del Prado recibirá en su sede una muestra dedicada a Clara Peeters, pintora flamenca especializada en bodegones y una de las pocas mujeres artistas activa en Europa durante la primera mitad del siglo XVIII.

Con una selección de obras similar a la que presenta en la ciudad belga, entre las que se encuentran las cuatro importantes obras de Clara Peeters propiedad del Prado, esta exposición llegará a Madrid, patrocinada por la Fundación AXA, a finales del próximo mes de octubre para convertirse en la primera exposición protagonizada por una mujer pintora en el Museo del Prado.

Organizada con la colaboración del Koninklijk Museum voor Schone Kunsten Antwerpen (Museo Real de Bellas Artes de Amberes), esta exposición reunirá en Madrid una selección de sus mejores obras entre las aproximadamente treinta que se conservan en el mundo, cuatro de ellas en el propio Museo del Prado.

Con la presencia de este pequeño grupo de obras destacadas, la muestra quiere destacar los logros de esta dotada y delicada artista, quien además fue una de las pocas mujeres artistas activa en Europa en este periodo.

Tanto en la exposición como en los materiales que la acompañarán, se pondrá también el foco de atención en la situación de las mujeres artistas a principios de la Europa Moderna.

Poco se sabe con certeza de la vida de Clara Peeters. Hay datos que certifican que nació en Amberes en 1594 y que, visto el lujo y la opulencia de los bodegones que solía retratar, "se crió en el seno de una familia adinerada", comentó Nico Van Hout, el organizador que de la muestra que se inauguró este verano en Amberes y que permanecerá abierta hasta el 2 de octubre en el espacio cultual Rockox House de la ciudad.

Las mujeres de la época tenían prohibido dedicarse a la pintura, y sólo las niñas que se criaban en familias de artistas tenían la oportundidad de aprender el oficio.

Todo hace indicar que ese fue el caso de Peeters, todo un prodigio del pincel y el lienzo, que desde los trece años ya firmaba cuadros y que a los diecisiete registró su momento de mayor insporación. Peeters está considerada, junto a autores como Rubens o Van Dyck, una figura clave en la pintura barroca flamenca pero, en tanto que mujer, nunca alcanzó el reconocimeinto de sus coetáneos. Fue, de hecho, la principal impulsora y uno de los máxumos exponentes de la pintura del bodegón o naturaleza muerta de los Países Bajos.

El uso continuo de estampados, el retrato de banquetes opulentos con vajillas caras, aves, pescados y mariscos -dos motivos que después se hicieron populares-, y su firma en el canto de los cuchillos -un gesto que responde a la confianza que tenía de su valía en una profesión dominada por hombres- son las principales señas de identidad de la autora.

"Su trabajo se caracteriza por la elegancia con la que presenta todos estos objetos contra un fondo oscuro y la atención que da a las textuas", señala Van Hout.

Sus obras llegaron muy pronto a conocidas pinacotecas de la época y a colecciones como la de la Casa Real española, lo que hace pensar que sí tuvo cierta reputación en vida, aunque el tiempo fue poco a poco diluyendo su relevancia en la historia del arte.

"Sin embargo, la historia la olvidó. Hasta la década de 1970 mp se empezó a estudiar su obra", lamenta el comisario de la exposición.

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