II Ciclo de Música Manuel de Falla | Josetxu Obregón El apogeo del violonchelo solista

Josetxu Obregón, durante su actuación en el Teatro del Títere La Tía Norica. Josetxu Obregón, durante su actuación en el Teatro del Títere La Tía Norica.

Josetxu Obregón, durante su actuación en el Teatro del Títere La Tía Norica. / Fito Carreto

Josetxu Obregón, virtuoso del violonchelo, y profesor del Conservatorio Superior de Música de Madrid, ofreció un concierto el lunes pasado y una verdadera clase de la historia de los momentos más álgidos del violonchelo como instrumento solista. Nos llevó al Barroco musical y, de la mano de J. S. Bach, Domenico Gabrielli, Giovanni Battista Vitali y Giuseppe Maria Dall Abaco, nos fue ilustrando, a la vez que deleitando sobre un instrumento imprescindible hoy día en las orquestas de música clásica.

Y para ello trajo consigo un violonchelo construido por Sebastian Klotz, uno de los grandes luthiers de instrumentos de cuerda de la Alemania del XVIII. El de Josetxu está construido en 1740.

Especialista en interpretaciones historicistas, tanto como concertista solista, como al frente de la agrupación musical La Ritirata, el concierto de Josetxu, dentro del II Ciclo de Música de Cámara Manuel de Falla, estuvo presidido por ese espíritu de fidelidad a la manera original de interpretación de las piezas, y así, su violonchelo, carente de pica con la que apoyarse en el suelo, requiere ser tocado entre las piernas, y con un arco también diferente de los que actualmente se usan. Sus cuerdas, hechas de tripa natural, tal como nos contó, consiguen arrancar un sonido más aterciopelado que el de los violonchelos modernos, hechos para sonar con más potencia, dentro de grandes orquestas y en espacios más amplios.

De J. S. Bach, interpretó las Suites II y III en re menor y do mayor respectivamente para violonchelo solo. Se trata de dos obras en seis movimientos cada una de ellas: Prelude, Allemande, Sarabande, Minueto / bourrée y Gigue. La primera de ellas, está escrita con tonalidad menor, lo que la hace de carácter más introspectivo que la segunda que utiliza una tonalidad mayor, brillante. Ambas obras son densas y requieren un gran virtuosismo en el intérprete, a la vez que una total concentración, porque el espectador a veces tiene la sensación de estar escuchando una obra de ejercicio y aprendizaje del intérprete. Estas Suites, a pesar de que hoy día se las considera como las obras cumbres de las partituras para violonchelo solista, en realidad estuvieron ocultas hasta que a principios del siglo XX Pau Casals las redescubrió y realizó su primera grabación discográfica. El haberlas escuchado el pasado lunes en el Teatro del Títere, en esta versión historicista fue un auténtico lujo, que estuvo al alcance de los que nos citamos en este ciclo que un lunes de cada mes apuesta por la música de cámara. En esta ocasión, como en casi la totalidad de los conciertos que nos trae, el nivel fue muy alto, tanto en lo pedagógico como en lo musical.

El resto de las obras de violonchelo que interpretó Obregón, fueron de Doménico Gabrielli, Giovanni Battista Vitali y Giuseppe Maria Dall Abaco. Gabrielli está considerado como el primer compositor que dio importancia al violonchelo como instrumento solista, escribiendo por primera vez partituras para él en solitario. Ricercar Sesto y Ricercar Primo fueron las piezas que interpretó. También de uno de los precursores del violonchelo solista, Giovanni Batista Vitali, interpretó Tocata y Bergamatta. Y cerró la muestra de compositores pioneros del chelo con el Capriccio Quarto de Guiseppe Maria Dall Abaco, un compositor que vivió después de Bach, y del que se tienen dudas acerca de si llegó a conocer las Suites de aquél. Las tres son obras más livianas que las Suites de Bach, pero de igual manera son muy importantes para comprender la evolución del violonchelo, que sufrió un decaimiento importante como instrumento solista con la llegada de Clasicismo, movimiento inmediatamente posterior al Barroco musical.

El concierto fue de gran nivel artístico y divulgativo, consiguiendo un gran aplauso del público que decidió asistir, la tarde del lunes, a este II Ciclo Manuel de Falla, que encara ya la recta final anual de 2019, a falta de la última cita que será el próximo lunes 2 de diciembre con el Cuarteto Gerhard.

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