Annette Bening ilumina el arranque del Festival de Cine de San Sebastián

La actriz presenta en la Sección Perlas 'La mirada del amor', una película que define como "una mezcla de duelo y pasión"

Annete Bening en la alfombra roja con el director Arie Posin.
Annete Bening en la alfombra roja con el director Arie Posin.
Alicia G. Arribas (Efe) Madrid

21 de septiembre 2013 - 05:00

Annette Bening, una de las estrellas del panorama internacional presente anoche en la inauguración del Festival de San Sebastián, asegura que se siente personal y profesionalmente "bien", satisfecha de seguir haciendo un trabajo que le gusta, "de seguir creciendo y aprendiendo cosas" y, aunque no sabe si su argumentación tiene sentido, cree que "la madurez me ha hecho libre". "Me gusta arriesgarme. Es curioso, he tenido mucha vida, cuatro hijos, dos en la universidad, he trabajado mucho y aún tengo ganas de nuevos proyectos. La responsabilidad no me ha quitado nada; al revés, madurar me ha hecho libre", declaró.

Delgada, bellísima sin maquillar a sus 55 años y elegante desde su 1,70 de altura, vestida con un sencillo traje de pantalón negro y zapato plano, Bening comenzó el jueves a repartir sonrisas y ayer continuó, de buen humor, atendiendo a la prensa desde primeras horas de la mañana.

"Me siento muy bien", afirmó, y "contenta" de poder buscar "cosas sorprendentes" que agiten su mundo laboral, aunque en seguida señala que tiene "una vida familiar" y ese es el límite: "Yo no voy de proyecto en proyecto". Ya lo demostró, hace unos cuantos años, cuando su embarazo hizo que cediera a Michelle Pfeiffer el papel de Catwoman.

Cuatro veces nominada para el Oscar (Los timadores, 1990; American Beauty, 1999, Conociendo a Julia, 2004; y Los chicos están bien, 2010), la esposa del también actor Warren Beatty se declara admiradora de Helen Mirren, Frances McDormand y de Liv Ulman, y sonríe abiertamente cuando se le pregunta por la cirugía estética: "Creí que te preocupabas por mi salud", ironizó.

Explicó que para trabajar en el cine "hay que amar la cámara y respetarla, porque a veces te quedas como desnuda, vulnerable, y eso, que es parte de tu trabajo, es tu tarea en la película: te tienes que aceptar". Y recordó el comentario de un compañero actor de teatro que le dijo: "El cine es quitarse la máscara, no ponérsela", y esa es la máxima que ella ha seguido y sigue para hacer su trabajo.

Su película La mirada del amor, que se proyecta en la Sección Perlas del Festival de San Sebastián, un reducto dedicado a los mejores títulos que han pasado por otros festivales de cine, le parece "una curiosa mezcla de duelo y pasión". Dirigida por el joven canadiense Arie Posin, cuenta el extraño desorden mental que sufre una viuda al conocer a un hombre increíblemente parecido a su difunto marido, con el que inicia una relación, algo que, por pasmoso que parezca, le pasó a la madre del director. "Es algo que ella no controla y que lo entiende como algo que le está sucediendo, pero no se hace cargo, como si fuera ajeno a ella, que sólo piensa, Dios mío, me he enamorado. Es algo inusual que le pasa a una persona corriente", intentó explicar. La cinta recorre lugares insospechados del interior de una mujer, que la actriz comprende por la "fascinación que le produce la idea de volver a dar vida a su marido". "La película empieza muy fuerte, hablando de la madurez, de la muerte, de la pérdida, del duelo... Es una historia que me intriga", afirmó.

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