Afinando los hilos de Norica

Un día de ensayo de la compañía de títeres, que estrena su popular Sainete este sábado en el Teatro Cómico Serán seis funciones

Los componentes de la compañía ensayan 'el Sainete de la Tía Norica'.
Los componentes de la compañía ensayan 'el Sainete de la Tía Norica'.
Virginia León Cádiz

23 de mayo 2013 - 05:00

Desde la cabina técnica situada en la entrada de la sala del Teatro de Títeres de la Tía Norica, la perspectiva es distinta. Lo es para la experimentada y atenta mirada de Pepe Bablé, que dirige el ensayo que la señera compañía emprende desde hace unos días en su nuevo hogar para que nada falle este sábado, que vuelve a poner en escena el popular Sainete de la Tía Norica.

Llegan con esta obra al nuevo espacio escénico, en el que actuaron con sus Autos de Navidad, y aunque es su casa, tienen que hacerse a ella. Probar el sonido, modular luces, encajar los carros que permiten modificar escenarios... Afinar los hilos de Norica, en definitiva, de sus títeres y del montaje que conlleva, para acomodarse antes de quedarse a vivir.

"Es el segundo día que ensayamos y estamos con las pruebas de luces", susurra el director de la Compañía de Títeres de la Tía Norica. Y se nota. "No metas hasta que no caiga el cielo, Manolo, hasta que no cambie la luz", dice a uno de los técnicos que dirige los mandos de luces. "Parece que fallan los focos 10, 11 y 31, no aparecen en la mesa", dice Luis, otro técnico, que apresura hacia el escenario para comprobarlo de primera mano. "Siempre surgen cosas, pero para eso están los ensayos", tranquiliza la voz del experimentado director.

Desde la cabina y con un micrófono en la mano, apunta los detalles a corregir a los compañeros que integran la obra, unos trece. Nueve en la tramoya y cuatro en el control técnico. "Sube las luces al diez...; hacemos el cuadro hasta el final, pero no moverme el carro...; no entréis hasta que encienda la luz; hay problemas con la luz", dice durante la escena en la que el doctor visita a la Tía Norica, una vez que el cuerno le alcanza hasta el escritorio. "¿Problemas?... raro, raro, raro...", responde Batillo ante las risas de todos.

Y es que todo tiene que lucir perfecto para el gran estreno. La luz tiene que recaer de la forma adecuada sobre las siluetas de los populares títeres que se observan al fondo del vacío patio de butacas. Hasta dar con el enfoque idóneo de cada uno de los personajes y detalles gaditanos que colman cada cuadro. Con el de la Tía Norica, y su hiperactivo nieto Batillo, el del doctor y el escribano, que sobre la tablas, siguen fieles al improvisado guión que sólo se pueden permitir tras 30 años de representaciones. "Hay un guión base, pero también una gran parte improvisada, es la seña de la compañía. No hay dos espectáculos iguales", comenta Pepe Bablé tras echarse unas carcajadas con un travieso Batillo que menciona los escándalos de Urdangarín o la Infanta y que incordia con desvergonzadas frases a su anciana abuela, que a su vez, teme que Rajoy le quite su pensión. Carcajadas que continúan año tras año, pero renovadas, porque insuflan de oxígeno la queridísima obra que durante décadas han seguido generaciones y generaciones de niños junto a sus familias.

"Esto es una catarsis para nosotros", dice el director, sin quitar ojo a una función que está a punto de terminar. "Tardáis mucho en bajar a saludar", dice al final del ensayo. "Está muy oscuro, Pepe, necesitamos tiempo", resuena desde la escalera la voz de Manoli, que mueve los hilos de la Tía Norica, y asiente cuando se le cuestiona sobre el resultado del ensayo. "Bueno, ha estado bien". No opina lo mismo Manuel, el doctor, "ha sido desastroso. Lo que presagia una fabulosa representación", sentencia, sonriente.

Pero no ha sido una puesta en escena fácil. Más bien complicada. Porque no es sencillo ajustarse a un espacio más reducido que el que tenían en el Baluarte de la Candelaria. Nada perceptible a vista del espectador, pero sí ante los ojos de quien curiosea por la tramoya. De hecho, los carros no entran por detrás, como ocurría antes. Sino por detrás y por el lateral. "Hemos trabajado diez días en la reestructuración de los carros", responde el director, que junto a su equipo ha logrado dar con la fórmula precisa para representar el Sainete con éxito.

Son los gajes del oficio. Los retoques de última hora, los de siempre, más los imprevistos que ocasionan nada menos que estrenar en un nuevo teatro.

"Un logro, con el que estamos ilusionados, al que se suma el Museo de Títeres y la puesta en valor de los restos arquelógicos que subyacen bajo este teatro", dice el concejal de Cultura, Antonio Castillo, que también asiste al ensayo.

En total serán seis las funciones que la compañía de Títeres representará. Este sábado, a las 20.00 y el domingo, a las 13.00, y ya en el marco del Festival de Títeres, el próximo jueves, viernes y sábado, a las 20.00 y el domingo, a las 13.00 horas. El precio de la entrada es de 6 euros y pueden adquirirse en la taquilla del Teatro Falla, en horario de 18.00 a 21.00 horas. También en la taquilla del Cómico, pero el mismo día de la función, desde una hora antes.

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