Sombras de teatro independiente

Javier Paisano

26 de septiembre 2009 - 05:00

Animalario. Autor: William Shakespeare. Traducción: Salvador Oliva. Dirección: Andrés Lima. Intérpretes: Alberto San Juan, Nathalie Poza, Javier Gutiérrez, Enric Benavent, Alfonso Begara, Fernando Cayo, Juan Ceacero, Julio Cortazar, Elisabet Gelabert, Luis Zahera. Músicos: Aurora Arévalo (violoncello), Raúl Miguel (trompeta). Iluminación: Dominique Borrini. Escenografía y vestuario: Beatriz San Juan. Música y espacio sonoro: Nick Powell. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Jueves, 24 de septiembre. Aforo: Completo.

La maldición que se cierne sobre el personaje que escribiera Shakespeare (según algunos estudiosos, el bardo inglés sólo la corrigió) ha acabado llegando hasta Animalario. La compañía teatral que ha conseguido mantener hasta este montaje un altísimo listón que aunaba compromiso estético y social a partes iguales se ha dado de bruces contra la inmensidad de una obra que habla de la venganza y del poder entre dos familias que luchan por mantener sus propios estatutos. Una obra que tiene fama de difícil y que lo es, ciertamente, porque va desde el culebrón hasta el snuff sin solución de continuidad. Lo malo es que a pesar de la fama de su autor su Tito Andrónico tampoco representa lo mejor de su literatura.

Andrés Lima y Alberto San Juan se han embarcado en una nave que los hace retroceder. Andrés Lima porque se limita (nadie le discute el mérito de su esfuerzo) a realizar un trabajo de taller de actores en el que ha prescindido de las otras apoyaturas de un espectáculo. El escenario está reducido a un círculo que gira sobre sí mismo y que llega a cansar a fuerza de repetir su movimiento. Y Alberto San Juan porque se enfrenta a un papel para el que todavía no está preparado, aunque sólo sea por esa enfermedad que se cura con la edad, su juventud.

Nathalie Poza está excelente y el resto de sus compañeros demuestran que lo mejor de Animalario siguen siendo sus actores y su enorme respeto por todo lo teatral. Lo malo es que, por momentos, resulta difícil creerse lo que pasa en esta versión de Tito Andrónico a la que le ha faltado ambición en su concepción.

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