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DiCillo rescata imágenes de una película rodada por el propio Morrison en esta cinta narrada por Johnny Depp.
DiCillo rescata imágenes de una película rodada por el propio Morrison en esta cinta narrada por Johnny Depp.
Manuel J. Lombardo

06 de enero 2011 - 05:00

Documental rock, EEUU, 2009, 90 min. Dirección y guión: Tom DiCillo. Fotografía: Paul Ferrara. Música: The Doors. Narración: Johnny Depp. Cine: Avenida (VOS).

El documental rock (o rockumental) vive su particular edad de oro con su presencia regular en las carteleras o en el formato DVD, prueba de que la mitología del rock'n'roll sigue arrastrando adeptos dispuestos a seguir prolongando la veneración de sus ídolos con mayor o menor carga anecdótica o desmitificadora.

En el caso de esta When you're strange, dedicada a glosar con inclinación hagiográfica la trayectoria de la banda angelina The Doors y, especialmente, la de su líder Jim Morrison, muerto a la tierna edad de 28 años en 1971, el cineasta indie Tom DiCillo (Vivir rodando, Johnny Suede, Delirious) opta por trabajar exclusivamente a partir de material de archivo, con reportajes de giras, preparativos, conciertos (algunos gloriosamente desastrosos o con final en los calabozos de la policía), sesiones de grabación y fotografías de la banda pertenecientes a un periodo, el de la década de los años sesenta, presidido por las revueltas sociales por los derechos civiles, la Guerra de Vietnam y los movimientos contraculturales en una Norteamérica cambiante.

DiCillo recupera también, en lo que es el gran hallazgo de su documental, imágenes de la película que el propio Morrison rodara junto a Paul Ferrara en 1969, HWY: An American Pastoral, un interesante ejercicio experimental que preludia las secuencias desérticas que rodaría poco tiempo después Antonioni en Zabriskie Point, y que recoge el aire lisérgico y alucinado, surreal y poético, de un espíritu tan angelical como atormentado, tan provocador como egocéntrico y autodestructivo.

Guiados por la voz de Johnny Depp, recorremos así el ascenso y la caída de un mito frágil salido de la Norteamérica feliz de los cincuenta y moldeado a partir de una compleja relación con los restantes miembros de la banda, todos músicos de primer orden, y con un público deseoso de identificaciones de rebeldía e insumisión. Como no podía ser de otra manera, la música se mantiene en el epicentro del relato mítico, y las canciones febriles y sincopadas de The Doors arrastran por sí solas el montaje y el ritmo de un trabajo correcto que, si bien no revelará grandes novedades sobre la biografía y la trayectoria del grupo y su líder, sí deja al menos impresa la radiografía de una época a través de uno de sus iconos más duraderos.

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