El toque serrano de La Pepa
Máximo Maldonado, firmante hispanoamericano de las Cortes de 1812, falleció y fue enterrado en Arcos el 13 de junio de 1813, justo cuando había pedido su regreso a la localidad mejicana de Veracruz
La Constitución de 1812 pronto cumplirá 200 años de vida. Todos los gaditanos, y también el resto de andaluces y españoles, tienen conocimiento de que Cádiz y San Fernando fueron dos escenarios de gran interés para este hecho histórico, pionero en libertad y modernidad. Lo que tal vez no todos sepan es que Arcos de la Frontera, en cierta medida, también jugó un papel importante en este suceso histórico.
Precisamente en la localidad de la Sierra de Cádiz murió uno de los firmantes de la Constitución del 12, Máximo Maldonado, un discreto liberal que estaba a favor de la libertad de imprenta, fue diputado suplente por el Virreinato de Nueva España (México) y había sido canónigo de la catedral de Guadalajara.
Volviendo a la Constitución, a la casi bicentenaria Pepa, si nos remontamos al primer artículo del escrito nos encontraremos con que se define a la Nación Española como "la reunión de los españoles de ambos hemisferios". Se hace clara alusión con esta definición a los españoles de la Península y a aquellos que vivían en América y las Islas Filipinas por entonces. De modo que no es de extrañar que por las Cortes de 1812 hubieran pasado 67 diputados hispanoamericanos.
Las opiniones y creencias de estos hombres fluctuaban entre la fidelidad a la corona española y las ansías de independentismo para sus países de origen. Al primer grupo pertenecía Pérez de la Puebla, abiertamente españolista, y al segundo, Álvarez de Toledo, el más radical, que llegó incluso a desertar de las Cortes de Cádiz para empezar su propia rebelión contra España desde Florida.
Antes de firmar la Constitución, los españoles de Ultramar estaban dispersos y no tenían demasiados contactos. La firma del documento fue el primer paso para crear enlaces entre las colonias y acercar diferentes posturas. Tuvo que ser en Cádiz donde, por primera vez, tuvieron la posibilidad real de establecer mejores relaciones entre ellas.
Por aquella época, y gracias a documentos que los historiadores han podido rescatar y estudiar de aquel momento histórico, sabemos que en la Constitución y otros papeles se trataba de igual a todos los ciudadanos del territorio español (los pertenecientes a ambos hemisferios, si parafraseamos el primer artículo del documento de nuevo).
De estos hombres, doce se convirtieron en presidentes. Tal fue la consonancia creada entre metropolitanos y coloniales que, cuando clausuraron sus sesiones en septiembre del año 1813, las Cortes estuvieron presididas por el mexicano Ramón Lázaro Dou.
Máximo Maldonado no fue tan destacado en las Cortes como algunos de sus compañeros americanos. Como bien explicó el historiador gaditano José María García León en su artículo del 2002 publicado en este mismo periódico, no tuvo una labor activa ni fue demasiado destacado. Pese a todo, su muerte llama la atención porque se encontraba precisamente en Arcos en el momento de fallecer.
Murió en la localidad arcense el 21 de junio de 1813, pocos meses antes de que se clausuraran definitivamente las Cortes del 12. Según parece era algo que el diputado estaba esperando, o que tal vez presintiese de algún modo, ya que tuvo la precaución de hacer testamento tres días antes y se lo había entregado al escribano público de la ciudad para su firma y formalización.
La localidad de Arcos, según los historiadores especializados de la época y el artículo fechado en el 2002 de García León, realizó unas exequias de lo más lucidas para despedir a Máximo Maldonado, que había pedido volver a Veracruz. Debido a las molestias que se tomaron los arcenses con él, los diputados americanos celebraron mucho este gesto, tanto que uno de ellos, Ramos Arizpe, prometió gratitud eterna para Arcos.
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