juan verde | entrevista "La situación es alarmante: hay que movilizarse"

  • Implicado en causas medioambientales desde su trabajo junto a Al Gore, ha ejercido también de consejero durante el mandato de Obama

  • El asesor acudía esta semana a hablar de la crisis climática al Teatro de las Cortes de San Fernando, dentro de los actos de conmemoración de 1810

Juan Verde, poco antes de su intervención en el Teatro de las Cortes de San Fernando. Juan Verde, poco antes de su intervención en el Teatro de las Cortes de San Fernando.

Juan Verde, poco antes de su intervención en el Teatro de las Cortes de San Fernando. / Román Ríos

–”El cambio climático –aseguró esta semana– es también una opción de negocio”. No suena bien. Suena a estraperlo y penicilina.

–No entiendo por qué no suena bien. La competitividad en el siglo XXI viene determinada por una innovación y una tecnología que apuesten por un nuevo camino. Estamos ya en mitad de esa transición, en una apuesta por crear negocios que supongan formación continua, empleo de calidad, economía sostenible, mejores salarios... ¿quieres apostar por el siglo pasado, con un modo de producción basado en la explotación de los recursos naturales? El negocio verde va dando dinero a la vez que genera empleo de calidad y contribuye de forma ecológica a la sociedad. Nadie pierde. 

-¿Qué sentido tienen eventos como la Cumbre del Clima, con China, India o Estados Unidos, que contribuyen a un 60% del total de las emisiones, ausentes?

–Si la alternativa es que no hagamos nada porque no hacemos todo lo que podemos, la batalla está perdida. La comunidad internacional está haciendo mucho con la única excepción de Estados Unidos, que no podemos disociar de Trump, y que creo que es algo puntual en el devenir histórico:el 72% de los estadounidenses quiere que se hagan más cosas por el medio ambiente, a pesar de Trump y el negacionismo. Tiene muy poco sentido ir en contra de la ciencia:es la ciencia la que nos dice que hay que actuar ya, que hay que hacer muchas más movilizaciones, que se acabó, que las políticas medioambientales no son algo sobre lo que ir poniendo paños calientes y quedarse luego a medio gas.

–Sí, la concienciación ciudadana aumenta pero luego tenemos a Trump y a Bolsonaro.

–Lo que refleja el distanciamiento entre los ciudadanos y los políticos. La gente tiene intereses más legítimos y básicos, como es la vida. Y, tras los incendios del Amazonas, Bolsonaro ha perdido 32 puntos de popularidad: le va a pasar factura. El 56% de los consumidores estarían dispuestos a pagar un poco más por productos fabricados de forma más respetuosa con el medio ambiente, y el porcentaje es aún mayor entre los jóvenes: esto es señal de que vamos hacia algún sitio.

–Desde luego, industria y política parecen ir por otro lado. Fracturamos literalmente la tierra para sacar gas. Quemamos el Amazonas, el Ártico se derrite y hay quien se frota las patitas...

–El problema no es la actividad económica, no es en sí el consumo: es consumir de forma irresponsable. La mejor definición de economía sostenible es darle a las empresas dos opciones: hacer mucho dinero en poco tiempo, o mucho dinero en mucho tiempo, pero haciendo el bien. Hacer el bien y que te vaya bien no son conceptos antagónicos. Ha llegado el momento de una gran revolución civil sin precedentes más allá de ideologías o de intereses cortoplacistas. Hay que involucrar a las empresas que puedan acelerar los cambios. Gastamos diez veces más en subvenciones a fósiles que en renovables, ¿por qué no apostar por el sentido ético y también económico?

–Terminaremos subvencionando a las grandes energéticas por ser verdes. No deja de ser irónico.

–Estamos en el mismo supuesto de no hacer nada porque no es perfecto. Si estas empresas están mejor posicionadas para hacer la transición, hay que aprovecharlo y darles incentivos para que no sigan actuando de forma fagocitadora. La responsabilidad de los políticos es crear marcos regulatorios e incentivos para acelerar esa transformación del modelo económico.

–En la crisis climática, se da la paradoja de que los que más van a pagar son los que menos “deben”.

–Lo medioambiental tiene que servir de eje conductor hacia la justicia social, de género, inmigración... Poca gente sabe que, por ejemplo, Siria vivió en 2010-11 una de las peores sequías de su historias: la gente acudió en miles a las ciudades, y la presión demográfica sirvió de caldo de cultivo para la guerra civil. El mundo es global y, nos guste o no, tenemos problemas de carácter global que sólo se pueden solucionar a través de la colaboración y la cooperación internacionales .

–Lleva colaborando en cuestiones de cambio climático desde Al Gore. ¿Cuáles han sido nuestros principales méritos y faltas?

–En estos años, la ecología se ha colado en la agenda política y social del mundo. En la última década, además, se ha creado conciencia y se han dado una serie de pasos en la dirección apropiada. Pero ahora hay que pasar a la acción:hacer uso de los derechos que otorgan la democracia y la sociedad civil para exigir acciones contundentes e inmediatas, a través de la presión, de la movilización. La situación es alarmante. Para paliar las consecuencias de la emergencia climática, la sociedad mundial ha de organizarse en movilizaciones como las de los derechos civiles en los 60 en Estados Unidos: de esa magnitud, pero a nivel global, y rápido. Estamos en una encrucijada histórica; si nada cambia en once años, perderemos el control de la situación:la cadena de acontecimientos se volverá imposible de predecir e irreversible, convirtiéndose en una amenaza para todos.

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