Sin ruta, pero con mosto
La tradición sobrevive en Sanlúcar al fracaso del itinerario oficial, que degeneró en botellones
Tuvo una corta historia. No duró demasiados años. Siete en total. La Ruta del Mosto de Sanlúcar nació en 2008 y la de 2014 fue su última edición. Los botellones y los problemas que éstos generan han acabado con esta iniciativa del Ayuntamiento. Pero la tradición sigue viva. Desde este mismo fin de semana hay mosto en un buen puñado de bares y tabernas de esta población gaditana.
La decisión municipal de borrar esta ruta del calendario festivo y turístico de Sanlúcar la dio a conocer el alcalde, Víctor Mora, el pasado 21 de septiembre, al hacer balance de los primeros 100 días del presente mandato local. Hizo un breve comentario al respecto, pero no pasó desapercibido. La reseña publicada en este periódico tuvo un gran eco en las redes sociales. El regidor sanluqueño manifestó únicamente que este año no se celebraría argumentando que "la idea era buena", pero no así "cómo ha ido evolucionando".
Parte de la oposición municipal reaccionó con críticas aseverando que esta experiencia generaba empleo, promovía la actividad turística en meses flojos con la gastronomía sanluqueña como protagonista y fomentaba la cultura del vino en la localidad. La "excusa" de los botellones no les parecía "suficiente": era cuestión de actuar "con la ley en la mano".
Sólo unos días antes, el Defensor del Pueblo Andaluz había difundido una resolución sobre este asunto en respuesta a una queja registrada meses atrás por vecinos del Barrio Alto con el respaldo de más de 200 firmas de afectados. La institución autonómica instaba al Consistorio a "intervenir para evitar" los botellones en ese barrio de la ciudad, que es el corazón de la Ruta del Mosto. Le recomendaba, entre otras medidas, más presencia policial en la zona. La ruta había "degenerado en botellones masivos" con las consiguientes molestias para los vecinos, que durante su celebración e incluso en fechas posteriores presentaban decenas de denuncias.
El alcalde explica ahora que por entonces ya se había tomado la decisión: "Teníamos las denuncias vecinales de años anteriores e informes policiales, comprobamos que se acogían a la ruta incluso garajes y habíamos visto que hasta llegaban autobuses de gente con botellones para el Barrio Alto". "Ésa no era la magnífica idea original ni, desde luego, la imagen de Sanlúcar ni la defensa del mosto que queremos hacer", comenta. El Ayuntamiento prevé organizar a partir de este mismo año catas y otras actividades con el apoyo de bodegas. "Tenemos muy buen mosto en Sanlúcar y hay que promocionarlo, pero de una manera positiva y enriqueciendo el producto, no con un ruta que degeneró en botellones", asegura el alcalde.
En el sector hostelero hay opiniones para todos los gustos. Unos negocios, los más molestos con la decisión municipal, consideran que la supresión de la ruta debería haber sido la última opción después de haber probado con medidas más contundentes contra los botellones. Otros admiten que la situación se había "desmadrado" hacía ya años hasta el punto de ser incontrolable. Y no sólo por los botellones: en las últimas ediciones participaban "incluso cafeterías" -el primer año formaban la ruta seis negocios y en la última edición sumaban ya 30-. También los hay que se muestran indiferentes: mosto seguirá habiendo con o sin ruta. De hecho, hay establecimientos que sirven mosto desde hace muchos años y que nunca se integraron en la misma.
En cuanto tuvo conocimiento de que la Ruta del Mosto ya era historia, Pedro Montiel, que regenta la taberna Las Descalzas, ideó organizar algo alternativo para "mantener la tradición". Se llama Temporada del Mosto en el Barrio Alto y se desarrollará hasta el 20 de diciembre, porque a partir de entonces el ambiente pasa a las "zambombás" navideñas -la ruta se prolongaba hasta finales de enero-. Participan, además de su establecimiento, Los Caracoles, El Conejo, El Arquillo, Tienda Enmedio, Casa Juan, Pepín y Navarro.
Para Domingo Infante, de Los Caracoles, se trata de una nueva experiencia para "promocionar la zona del Barrio Alto y fomentar la temporada del mosto" que permitirá "salvar la economía del sector en los meses de noviembre y diciembre". "Hay cuatro o cinco horas preciosas de armonía, de gente de bien; hasta las cinco o las seis de la tarde", comenta entre críticas a los botellones que "han ganado la batalla" a la ruta. Manuel Guardiola, de la taberna El Rinconcillo, ni siquiera abría los sábados por la noche. Adrián Rodríguez, del mosto Domínguez, acabó pensando en una suerte de ruta con cierre a las cinco de la tarde, la hora fatídica del inicio de los botellones.
El Conejo se ha adherido a la nueva iniciativa "en solidaridad" con los demás establecimientos del Barrio Alto, según su propietario, Juan José Torres. Este negocio nunca participó en la ruta "porque nunca deberíamos haber entrado bares de comida".
Más allá de esta "temporada" promovida con carteles y folletos incluidos, también hay bares, tabernas y mostos propiamente dichos. Ahí está, por ejemplo, La Herrería, con casi 50 años de historia. Un año -el primero- se integró en la ruta, pero a su dueño, Félix Enríquez, no le gustó la experiencia. Y es que consideraba que los requisitos establecidos encorsetaban, digamos, su condición de mosto libre. Casi los mismos años de vida suma El Corral de la Pacheca, también conocido como El Curriqueque, un "fijo" en la Ruta del Mosto. Su propietaria, Pilar Guisado, recuerda que "los primeros años fueron los más bonitos". Eran los tiempos previos a la "masificación".
Manuel Romero, del bar Los Aparceros, son de los que piensan que la eliminación de la ruta se dejará notar en una menor afluencia de clientes de otras poblaciones, teniendo en cuenta que el Ayuntamiento hacía lo propio en internet y las redes sociales para difundirla. Con todo, el sábado no dejará de ser el día estrella. Este establecimiento, uno de los que inauguró la ruta, seguirá manteniendo la costumbre de servir el mosto con la tapa para picar "que no se cobra".
El bodegón La Cantora, que siempre tiene mucha clientela, triplicaba sus ventas en ese "mes y pico de alivio": noviembre y "un poquito de diciembre". Su propietario, Agustín Romero, espera que siga siendo así sin la ruta. "Sé que vendrá casi la misma gente", afirma sin olvidar que "los forasteros se enteraban de esto a través de internet".
En la taberna Ases del Arte, que tiene el curioso sobrenombre de El Manicomio, este asunto no preocupa a su dueño, Rafael Vázquez: "Éste no es un sitio de mosto. Como mucho, vendo dos arrobas a la semana". Más que de "la ruta del cubata", prefiere hablar de que a su bar han ido a grabar un programa para Discovery Max, tres para canales de Japón y otro para una televisión de California, entre otros muchos. Su segundo libro es el poemario El loco que navegó por los tejados.
Sin duda, en Sanlúcar, la tradición del mosto y sus historias sobrevivirán a la ruta oficial.
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