Provincia de Cádiz

Una paciente pasa dos días en la sala de despertar porque no había camas

  • La mujer, que ya está en su domicilio, denuncia que vivió una auténtica odisea en el hospital de Jerez, primero hasta tener un diagnóstico y luego, tras la operación, sin poder estar acompañada y con poca atención

Dos días pasó en la sala de despertar de quirófanos en el hospital de Jerez una paciente de 54 años, Silvia Caro Aguilar, después de una intervención quirúrgica, debido a que no había camas libres en las plantas del centro hospitalario, donde en verano se cerraron varios servicios, entre ellos el de Cirugía. Silvia, que se recupera ya en su domicilio, relataba a este medio, visiblemente indignada, el calvario que ha sufrido desde que el pasado día 16 de septiembre tuvo que acudir al servicio de Urgencias del hospital por un fuerte dolor abdominal. Después de varias horas en la sala de espera le realizaron analíticas de sangre y orina y una radiografía y tras esperar los resultados, fue trasladada a la sala de tratamientos, donde le colocaron un gotero, para volver de nuevo a la sala de espera. Después de cinco horas desde que ingresó por Urgencias, le dieron al alta con un diagnóstico de infección de orina.

No obstante, sobre las tres de la madrugada del mismo día tiene que volver a Urgencias, porque sigue con fuertes dolores y vómitos. "De nuevo me hacen pasar por el mismo protocolo y me repiten las mismas pruebas. Incluso yo dije que me las acababan de hacer hacía unas horas y me comentan que ahora son más completas". En la sala de tratamientos le vuelven a administrar un calmante para el dolor y a las diez de la mañana le mandan de nuevo a casa con el mismo diagnóstico. Silvia recuerda que pasó un fin de semana terrible, vomitando continuamente y con dolor hasta que de nuevo el lunes a primera hora de la mañana volvió a Urgencias. "Llegué con una crisis, hiperventilando, pero a pesar de eso me volvieron a dejar en la sala de espera. Gracias a una amiga mía que trabaja allí y me echó una mano me hicieron una ecografía y un TAC y ya vieron que lo que tenía era una obstrucción intestinal, debido a una adherencia en la cicatriz de una cesárea que tuve hace 18 años". Los médicos decidieron entonces trasladarla a Observación y ponerla un tratamiento, para evitar en lo posible una intervención. "Estuve en una cama averiada, que sólo te permitía estar de una postura, desde el lunes hasta el martes por la noche. Por ley en Observación no se debe estar más de 24 horas. O te ingresan o si te has recuperado te mandan a casa, pero yo estuve allí muchas más horas, hasta que el martes por la noche, la cirujana Cristina Méndez García, a la que tengo que dar las gracias, decidió que al final era necesario intervenir y me meten en quirófano esa misma noche".

La mala experiencia de Silvia no acaba ahí. Tras la intervención es trasladada a la sala de despertar, "de nuevo en la misma cama estropeada. Me decían que no podían darme otra porque no había y me quedo sola, únicamente con otra paciente, en una soledad tremenda porque allí no puede estar la familia, solo les dejaban pasar un rato y no había ni siquiera un timbre para poder llamar a una enfermera". El problema es que la estancia en la sala de despertar, que debería ser durante un tiempo determinado tras una intervención, se prolongó durante dos días, exactamente hasta el jueves por la tarde, debido a que no había camas en las plantas de hospitalización. Según esta paciente, a determinadas horas tanto ella como la otra enferma que estaba en la misma situación se quedaban sin atención de enfermeras, porque éstas se encontraban en otros servicios y no había más personal y durante tres horas llegó a estar completamente sola porque a su compañera la llevaron a hacer una radiografía.

Finalmente y al encontrarse cerrada la planta de Cirugía, fue ingresada en la de Traumatología, cuando se quedó una cama libre. Sólo allí pudo estar acompañada por su familia, después de unos días que no olvidará. Silvia, que ya se encuentra en su domicilio, tras recibir el alta el pasado jueves, señala que no tiene quejas del personal en general y se muestra especialmente agradecida a la cirujana que la operó, pero "esto tenía que denunciarlo públicamente. Los trabajadores no dan más de sí y lo estamos padeciendo los pacientes".

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