Narcos en Cádiz: La era de los kalashnikov

Los clanes gaditanos se arman cada vez más con los fusiles de guerra de fabricación soviética, que cuestan hasta 4.000 euros

La Policía incautó hace dos semanas una furgoneta que llevaba 19

Imagen de un AK-47 incautado en una operación policial en la localidad sevillana de La Puebla del Río el pasado año.
Imagen de un AK-47 incautado en una operación policial en la localidad sevillana de La Puebla del Río el pasado año. / Joaquin Corchero

Mijaíl Timoféyevich Kaláshnikov, un talentoso ingeniero soviético, ideó tras la Segunda Guerra Mundial un fusil fiable, barato y fácil de usar por soldados poco entrenados que desde entonces ha convertido su apellido en sinónimo de muerte. Adoptado oficialmente por el Ejército Soviético a partir de 1949, el AK-47 (Avtomat Kalashnikova modelo 1947) se convirtió en las postrimerías del siglo pasado en un arma estándar en ejércitos de países pertenecientes al Pacto de Varsovia, guerrillas postcoloniales y, posteriormente, en numerosos conflictos de África, Asia, Oriente Medio y Latinoamérica. Tras la Guerra Fría, muchos de estos fusiles quedaron como excedentes militares y se filtraron al mercado negro. Desde mediados de la década pasada los cuerpos de seguridad del Estado comenzaron a encontrar a grupos de narcotraficantes armados con fusiles kalashnikov. Empezaron en la Costa del Sol, donde se cree que hay asentadas hasta medio centenar de mafias de diferentes nacionalidades, algunas tan importantes como la ‘Ndrangheta, de origen calabrés y que está considerada una de las organizaciones criminales más poderosas y ricas del mundo, especializada en el tráfico internacional de drogas (especialmente cocaína), tráfico de armas, extorsión, blanqueo de capitales y control de sectores económicos, con una estructura basada en clanes familiares que le ha permitido expandirse globalmente y penetrar en economías legales e ilegales.

Sin embargo, desde Málaga el armamento pesado fue pasando paulatinamente a los clanes del Campo de Gibraltar y desde allí a los del resto de la provincia de Cádiz. La entrada en escena del conocido como Clan de los Balcanes, que ha establecido importantes sociedades con cárteles sudamericanos para transportar cocaína a través del Atlántico en cantidades industriales, ha terminado por configurar un escenario de alto voltaje.

Antes las armas de guerra eran un bien escaso, pero actualmente es inusual que en cada operativo no aparezcan varias. Es más, en las últimas semanas, y a raíz del tiroteo que casi mata a un agente en una guardería de hachís de Isla Mayor (Sevilla), la Policía Nacional ha llevado a cabo algunos operativos en el Campo de Gibraltar donde han aprehendido numerosos kalashnikov. En una furgoneta llegaron a localizar 19 de ellos, que posiblemente estaban destinados a armar hasta los dientes a diferentes bandas dedicadas al tráfico de hachís y cocaína.

El precio de los fusiles de fabricación soviética varía según el comprador. En países como Francia o Bélgica, suele oscilar entre 1.000 y 2.000 euros para modelos en buen estado. Sin embargo, existen reportes de armas provenientes de los Balcanes que se han vendido por cifras que van de los 300 a los 500 euros en mercados ilícitos menos exclusivos. En zonas con alta demanda por narcotráfico, como la Costa del Sol, el Campo de Gibraltar o la Costa Noroeste, el precio puede escalar hasta los 4.000 euros.

Violencia desmedida

Fuentes de la lucha antidroga de la Policía Nacional han asegurado a este diario que la posesión de armas largas de este tipo va a más entre las bandas. “Nos encontramos auténticos arsenales, y no dudan en abrir fuego. Ya hemos visto ejemplos claros, como el suceso de Isla Mayor en el que casi se llevan por delante a un compañero”, comenta un agente.

Fuentes de los sindicatos policiales y las asociaciones profesionales de la Guardia Civil llevan años reclamando más medios para poder combatir las nuevas maneras del narco en el sur. Recientemente Jupol denunció al Ministerio del Interior por poner en riesgo a la Policía Nacional. El sindicato mantiene una denuncia en la Audiencia Nacional por incumplir la prevención de riesgos laborales:chalecos antibalas caducados o no adaptados;falta de EPIs y armeros homologados;instalaciones deterioradas;y carencia de evaluación de riesgos psicosociales (incluidas unidades como UIP). “Todo mientras las agresiones a policías alcanzan cifras nunca antes vistas”.

Los agentes saben que están librando una batalla desigual contra el narco. Una batalla contra armas de guerra.

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